Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, Chile 1893- París, Francia 1921) no sólo fue una cara bonita acunada por la burguesía de su tierra. Su literatura basada especialmente en la prosa guarda un rico y diverso discurso sentimental, basado en su género. Pensemos en el contexto que la rodea, corrían los inicios del siglo XX y el sexo femenino era tenido en cuenta sólo como una especie de ornamento de las tertulias cargado, según las habladurías, de emociones incontrolables mal vistas por la platea masculina. Su entorno estaba conformado por los “nuevos ricos” producto de negocios mineros, agrícolas e industriales.
Su poesía expone conceptos tales como la complejidad del alma, la percepción plena de la naturaleza, la personificación de la muerte. Utiliza algunos objetos cotidianos con el fin de maniobrar entre la luz, la oscuridad, el reposo y los sueños. Por otro lado, aparecen también los grillos, los perros, los sapos, las flores jugando con los rayos del sol como aliados de la naturaleza. Así dice:” El sol se despide de mis ventanas vaciando sus reflejos moribundos en los cristales y coloreando de amarillo mi balcón”. El escenario literario se explica por si solo en este fragmento del poema de Wilms Mott (Número XI de “Inquietudes sentimentales”, publicado en el año 1917).
La autora cultivó el poema en prosa y el cuento breve. Sus obras estaban impregnadas de emociones que confiesa haber ocultado y dice: ”… porque el siglo no comprende esos sentimentalismos histéricos…”
La vida de Teresa fue sublime, excepcional y azarosa. Siendo muy joven se casó con un alto funcionario público, muchos años mayor que ella (su nombre era Gustavo Balmaceda Valdés) pronto llegó el alcohol de la mano del destrato. Ella respondió con una infidelidad. La enviaron a un convento a lavar su pecado. Este estaba ubicado en Santiago de Chile y su nombre era: Convento de la Preciosa Sangre.
Vicente Huidobro, poeta chileno (1893-1948) la ayudó a escapar y recluirse en Buenos Aires. Lejos de sus hijas, profundamente triste, con idas y vueltas amorosas, tragedia y pasión presenció el suicidio del joven escritor, político y profesor argentino Horacio Ramos Mejía (1897- 1917). Esto le desarma el alma y comienza a deambular por diferentes ciudades de Europa. Devastada y apenada el 22 de diciembre de 1921 consumió una cantidad excesiva de pastillas para dormir. A los dos días falleció en Francia.
Su infidelidad fue su condena y obtuvo el castigo más atroz, la ausencia de sus hijas.



