Chef. Gerente de GDS catering (Gastronomía del sur). Productor y Conductor de TV: "La Cocina con Luis". TV Pública Fueguina.

 

En una pequeña aldea de la Dinamarca del siglo XIX viven dos hermanas, Martina y Philipa –llamadas así en memoria de Lutero y su compañero Melanchthon–, hijas de un pastor fundador de una congregación protestante, están dedicadas en cuerpo y alma a la obra de su padre, y se entregan a las obras de caridad al servicio de los más pobres, y en las reuniones con los hermanos y hermanas de la congregación. Sometidas a una rigurosa disciplina, la suya es una existencia apagada a los placeres mundanos, se diría que no son capaces de disfrutar de la belleza de este mundo.

Babette llega a casa de las hermanas huyendo de la invasión franco-prusiana, donde murieron su marido y su único hijo. Esta mujer, Chef del Café Anglais de París, no habla más que francés. Deberá aprender poco a poco el idioma, así como las costumbres y hábitos culinarios. A diferencia de París, en la aldea danesa se consumen comidas poco sabrosas a base de bacalao y sopas.

Babette es una mujer discreta y práctica, que ilumina sin llamar la atención. Con su llegada, los pobres alimentados por la caridad de Martina y Philipa empiezan a alimentarse con platos más sabrosos. El dinero del que disponen las hermanas está mejor aprovechado, porque Babette sabe cómo sacar el máximo provecho. Ella está a gusto y agradecida con las mujeres que la han albergado. De modo que, pasados varios años, cuando gana una fortuna en la lotería francesa, y con ocasión del próximo centenario del nacimiento del pastor, pide a Martina y Philipa que les permita ofrecerles a ellas y al resto de la congregación una “cena a la francesa”. Aunque inicialmente se resisten, por temor a lo desconocido, terminan aceptando el ofrecimiento de Babette para no ofenderla.

Los preparativos de la fiesta

Los preparativos de la cena resultan ser, para sorpresa de Martina y Philipa, mucho más complejos de lo que imaginaban. Babette tiene que ausentarse unos días de la aldea para traer los alimentos y bebida que necesita para su festín. Regresa en compañía de una enorme tortuga viva, entre muchas otras delicias para su cena. Las hermanas comienzan a asustarse, vuelven sus viejos temores a lo que el mundo exterior puede ofrecerles. Los miembros de la congregación, divididos en disputas que han ido en aumento con el paso de los años, se unen en el propósito de acudir a la cena en conmemoración del pastor con actitud respetuosa, pero distante en lo que a la comida se refiere, no permitirán que lo que entre en su boca sea un instrumento del diablo que les aleje de su austera piedad.

La fiesta

La narración de la cena es una pequeña obra maestra dentro de la película. Es un homenaje a la buena comida, a lo hermoso que puede ser compartir mesa con los amigos. Los miembros de la congregación que habían jurado no caer en la tentación del placer mundano, van cediendo lentamente ante la alegría de saborear un buen vino, y degustar un plato exquisito cocinado con esmero. Se sienten cada vez más alegres producto de una ligera borrachera, combinada con el placer que sienten sus paladares y el espíritu en una ocasión especial. Los recuerdos en torno al pastor se desatan agradablemente y la promesa de no hablar de comida se diluye con el correr de las horas. Durante el festín, los comensales cenaron con los platos más exclusivos y exquisitos del Café Anglais de París, como la “Sopa de tortuga”, las “Codornices en sarcófago” y  “Babá al ron”, un postre tradicional francés. 

La fiesta llega a su fin con la congregación unida y cantando a la luz de la luna, y el agradecimiento, en forma de abrazo, de las hermanas ante el festín que les ha brindado Babette. “Esta noche he aprendido que en este mundo nuestro, todo es posible gracias al amor”. 

La película es sencilla, pero profunda a la vez. Su profundidad está dada en la magistral representación de un pequeño acto cotidiano, efímero y placentero. Una buena comida hecha con amor y esmero, con el solo propósito de deleitar a quién la recibe. Como dijo Borges, “La tarea del arte es esa, transformar todo eso que nos ocurre continuamente, transformar todo eso en símbolos, transformarlo para que pueda perdurar en la memoria de los hombres”. La película representa muy bien ese momento de transformación, ese momento entre el artista y el espectador, entre el cocinero y el comensal, entre el sabor y el paladar, y finalmente entre el eco, que resuena, y la memoria de los hombres.  

Para homenajear a todos y todas las Babette de este mundo vamos a presentarles una de las recetas de la película. 

Babá al Ron

Ingredientes:

Para la masa:

* 250 gr de harina

* 125 ml de leche tibia

* 200 gr de manteca a temperatura ambiente

* 25 gr de levadura fresca

* 6 huevos

* 50 gr de azúcar

* 1 pizca de sal

Para el sirope:

* 1 litro de agua

* 200 gr de azúcar

* Media copa de ron añejo

Preparación

Preparamos una masa madre deshaciendo la levadura en la leche y agregándole 50 gr de harina. Lo mezclamos todo bien, tapamos y dejamos fermentar durante media hora. En un bol ponemos la harina restante, la masa madre y lo mezclamos todo bien. Vamos agregando los huevos uno a uno e incorporándolos bien a la mezcla. Añadimos el azúcar y la harina y mezclamos bien hasta que nos quede una pasta fina y homogénea. Esta masa va a quedar muy líquida y floja. 

Ponemos la masa en un molde circular con orificio central, enharinado o cubierto de papel de horno, procurando no llenar más de la mitad para que no se desborde en el horno. Tapamos con un trapo húmedo o papel film y lo dejamos crecer hasta que llegue al borde del molde. Horneamos en horno precalentado a 180 grados durante 40 minutos aproximadamente, hasta que veamos que la superficie está bien dorada. 

Mientras el Babá se hornea prepararemos el sirope. Mezclamos el agua y el azúcar y lo ponemos a fuego medio hasta que reduzca casi a la mitad. Lo apartamos del fuego y le añadimos el ron. Cuando el Babá esté tibio lo desmoldamos y lo bañamos generosamente con el sirope. Y no me refiero a que hay que regarlo un poquito, tiene que quedar bien empapado. Dejamos enfriar del todo y lo decoramos con fruta fresca o fruta confitada. También podemos pincelarlo con mermelada y adornarlo con crema batida o crema pastelera. Y listo para servir. Es un postre trabajoso pero que da una enorme satisfacción al terminarlo. 

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