Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

El Dr. James Miranda Stuart Barry nació en Irlanda en 1789, su fallecimiento aconteció el 25 de julio de 1865 en Londres a causa de una enfermedad inflamatoria conocida como disentería. Ese día comenzaría otra historia.

El Dr. James Barry había llegado al rango de Inspector General de hospitales Militares, esa era la máxima jerarquía a la que se podía aspirar. Era un verdadero fenómeno en su campo, se lo admiraba y respetaba por su disciplina en el estudio. Con tan sólo catorce años ya era médico. Al cumplir los veinte años era el médico personal del Gobernador de la colonia del Cabo (Sudáfrica). Sin embargo era un caballero de apariencia aniñada, sólo llegaba al metro cincuenta, era delgado, de cabellos rubios.

Durante décadas en cada destino que se le asignaba sus instrucciones para un futuro sepelio eran siempre las misma: se lo debía enterrar con la ropa con la que muriera.

Sophia Bishop, su criada, no respetó su última voluntad y descubrió que era el cuerpo de una mujer. A lo largo de sus setenta y seis años Barry había vivido como un hombre de los cuales la mayoría de ellos fueron sirviendo al ejército británico.

Su empleada calló hasta después del funeral, pero el secreto se filtró. Aunque pasaron más de catorce años para que se diera crédito a los rumores sobre ese “hombre engreído e irritable”. Posteriormente, en el año 2008 el Dr. Preez publicó en una revista médica (New Scientist) pruebas sobre la identidad del Dr. Barry. En verdad era una irlandesa llamada Margaret Bulkley que se vestía de hombre con el propósito de poder estudiar medicina.

Sus logros fueron más notorios que su condición. Fue el primer cirujano en conseguir con éxito la realización de una cesárea, defendió las prácticas médicas apoyadas en medicamentos eficaces y cuestionó la toxicidad de algunos preparados vendidos en farmacias sólo para pobres, trató con excelentes resultados la lepra y una variedad de enfermedades tropicales que los soldados traían de las colonias.

Entre sus pertenencias se encontró un baúl que lo había acompañado en sus viajes por el mundo. Este contenía collages de revistas de moda femenina. Fue subastado como una verdadera rareza muchos años después de su muerte.

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