Periodista de Tierra del Fuego.

“La Isla de la Fantasía”, aquella vieja serie de fines de los años 70s donde los sueños se hacían realidad en un idílico lugar del Pacífico, es una referencia que un buen amigo suele hacer a la provincia de Tierra del Fuego. Su analogía, aunque más abocada al buen pasar económico del territorio en otras épocas también habla del grado de desconexión con la realidad, como si viviésemos en una comedia de 60 minutos por episodio. Hoy, su latiguillo me volvió a la mente al observar la comisión de la Legislatura sobre la denuncia del intendente Walter Vuoto.

Haciendo un poco de recapitulación para aquellos que se perdieron el episodio previo, la cosa va algo así: el intendente capitalino denunció en sus redes sociales, complementado posteriormente por una presentación en la Justicia, que un policía retirado, aparentemente bajo las órdenes del jefe de la Policía Provincial, el comisario Jacinto Rolón, se encontraba siguiéndolo y tomando fotos por las recorridas de campaña que viene realizando. La noticia, que generó un raid mediático por parte de dirigentes políticos, tuvo la tarde pasada su continuación con la reunión de la Comisión de la Legislatura, donde tanto ediles como el jefe de Gabinete Agustín Tita y el comisario Rolón participaron.

La denuncia de por si es extremadamente grave: un funcionario público y representante de un espacio político declara ser perseguido, uno inferiría que políticamente, por parte de una fuerza estatal. El relato del intendente en su red social X (Twitter) repasa un poco los acontecimientos y el diálogo que tuvo con el denunciado, que habría aludido a ser enviado por el comisario a cargo de la Policía Provincial. Luego, en un muy mal tino a mi entender, hace referencia a las épocas más oscuras de nuestra historia diciendo que “esto puede pasarle a cualquier vecino de nuestra ciudad como si las tenebrosas prácticas que veíamos en los años setenta bajo la dictadura más cruel y sanguinaria continuasen vigentes”. 

En un clima social y político tan complejo como el de ahora, donde se habla tanto de la última dictadura en la Argentina, hace bastante ruido lanzar de forma tan rauda este comentario a una plataforma de contacto directo con la ciudadanía. Uno puede entender el enfado, enojo y hasta miedo que puede sentir Vuoto de considerar que es espiado o perseguido, pero hay que cumplir con un cierto marco de formalidad y protocolos para evitar infundir o transmitir miedo hacia los vecinos y vecinas. No estamos en los años 70s, el intendente es parte del oficialismo, que incluye presidente, gobernador y todas las intendencias y la respuesta de la política fue acorde a tal acusación. En una interpretación caritativa de su accionar, el mandatario se dejó llevar por sus emociones, algo impermisible cuando uno representa una institución.

La historia ahora nos lleva a la reacción de los legisladores provinciales: convocar a una reunión de Comisión para tratar de esclarecer el asunto y escuchar la palabra de los involucrados. Villegas, presidente de la misma, destacó que esto “tiene que ser investigado, no solo judicialmente, sino valorada en términos institucionales por la Legislatura”.

Otros legisladores como Sciurano resaltaron la situación sobre la que veníamos hablando anteriormente: la denuncia debe pasar primero por el ámbito judicial y luego verse reflejada en las redes sociales, a fin de seguir el protocolo. Por su parte Greve resaltó que era una reunión apresurada, siendo el escenario ideal esperar la resolución del fiscal para contar con toda la información sobre lo ocurrido. En esa misma línea tanto Trentino como Furlan se retiraron entendiendo que no había suficientes datos para avanzar con la comisión.

Mónica Acosta, quizás un poco más fastidiada por el proceder de la reunión, fue la más dura en sus declaraciones.  “Creo que no podemos seguir haciendo papelones, estamos viviendo momentos críticos en nuestra provincia, hay una batería de cuestiones económicas desbordadas y no estamos dando respuesta a la gente como clase política. Estamos para dar respuestas, y yo siento que ante las vicisitudes no le estamos dando esa respuesta sobre alquileres, aumento de alimentos y un montón de situaciones. Estamos trayendo estos temas que para lo único que sirven es para los codazos de bañaderas y disputas intestinas internas, de esto está harta la gente”. Si bien Acosta tiene un punto más que cierto, también es necesario aclarar que ella y el resto del cuerpo legislativo ha tenido un desempeño menos que satisfactorio en la resolución de los problemas que alega. No solo hay que decirlo, sino que hay que hacerlo.

Claramente, la frase más buscada fue del principal implicado, el jefe de la Policía Jacinto Rolón. El comisario parecía perplejo por la situación, dado que destaca haber tenido una conversación con el intendente previo a la denuncia, describiendo la situación como “surrealista y de una imaginación distópica”. Según Rolón en su diálogo con la Comisión, el conflicto habría iniciado dado que Campos, el policía retirado acusado de seguir a Vuoto, se encontraba trabajando como Uber y éste le habría referido al comisario.

La situación cuanto menos, no es clara. Mientras uno alude a una persecución inherentemente política, dado que si fuese un seguimiento parte de una investigación policial contaría con algún rastro en papel o un uniformado en servicio, el otro habla de un delito contravencional entre Campos y el municipio.

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