Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

La mitología japonesa está colmada de historias de seres simbólicos y sagrados que representan elementos particulares de la naturaleza con apariencia casi humana o humana común y corriente.

Los yokai nacieron en la antigüedad. El Imperio del Sol Naciente posee un entorno natural y geográfico majestuoso, con predominio de fenómenos de la naturaleza como tsunamis, terremotos e inundaciones que han hecho de este archipiélago una tierra única e inestable. Quizás por ello sus criaturas, fantasmas, almas y dioses conectan y coexisten aquí y allá, en el mundo real y en el mundo espiritual. Esos entes fantásticos son considerados “seres sabios” que actúan como un instrumento de ejecución de rituales sagrados, pero entre ellos también existían discrepancias, se casaban, se separaban, se unían, se desencontraban o discutían tal cual lo hacemos los humanos. Incluso coexisten los espíritus y las almas, comparables a los fantasmas (yuurei) los cuales existen en dos categorías: buenos y malos. Si bien no son similares exactamente a los fantasmas del mundo occidental.

En Occidente actúan como seres espirituales con dificultades para comunicarse con los seres vivos, claro que el crujir de la madera, las ventanas y puertas que se abren y se cierran o las luces que se prenden y se apagan, colaboran como vehículos de comunicación con las criaturas físicas con las cuales han dejado algo pendiente. Pero los yuurei son humanos que se han quedado en este plano motivados por el odio, el rencor o el amor. Su presencia física en este mundo puede observarse claramente (por lo general se encuentran representados por mujeres de largo y oscuro cabello) y su propósito final es tomar represalia. La venganza lo es todo.

Pueblan el universo de los espíritus varios modelos de ellos: mujeres que murieron dando a luz, seres atormentados que han sufrido, fantasmas de personas que han muerto en el mar, criaturas que han sido rechazadas y han experimentado el más doloroso desamor, fantasmas de niños que habitan en sus antiguas casas abandonadas, hombres y mujeres que buscan flechar a los seres terrenales, etc.

La mejor forma de protegerse de todos ellos es colgar o pegar en la puerta de entrada de las casas un amuleto protector llamado ofuda (o-fuda). Es una tira de papel, metal, tela o madera en la cual se encuentra escrita una oración o el nombre de una deidad.

Es verdad que la mitología japonesa aporta un entramado complejo de creencias. Los kami (dioses o espíritus) residen en el panteón Shinto (Vía de los kami) y alberga a cerca de ocho millones de dioses. En el arte Shinto se representa a los kami con niños o mujeres perteneciente a las cortes con largas cabelleras, hermosos tocados y coloridos vestidos tradicionales.

El kojiki es el texto más antiguo que se conserva de la tradición japonesa escrita, pero es cierto que otros escritos complementan la información relacionada con sus tradiciones mitológicas populares.

La mitología japonesa es una especie de rompecabezas donde cada pieza juega un papel esencial para la construcción del folclore popular. Son como voces silenciosas que muestran la cultura del país del sol naciente y entretejen complejas conexiones entre sus dioses y espíritus.

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