Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

En 1940, Alfred Hitchcock dirigió, en Estados Unidos, la película “Rebeca” o también conocida como “Rebeca, una mujer inolvidable” en su versión para América Latina. “Anoche, soñé que volvía a Manderley…” recitaba la frase inicial del film con una voz lejana.

El título original de esta obra de Daphne du Maurier es “Rebecca”, pero no fue la única que llegó al cine de la mano de Hitchcock, también lo hicieron “Jamaica Inn” y “Los pájaros”.

El libro inicia contando el sueño en el que la protagonista regresa a la mansión (Manderley) que ya no existe. Ese recuerdo la inquieta aunque sabe que es solo eso: un recuerdo (“Aquello ya acabó, ya ha pasado. Cesó mi tormento y los dos somos libres”). Las dificultades, inquietudes e inseguridades han acabado.

Daphne comenzó a escribir “Rebecca” en 1936 y es publicada en 1938. Según las palabras de la propia autora era una novela basada en “un estudio sobre los celos”.

“Rebecca” cuenta la historia de una tímida e insegura joven, de la cual nunca sabremos su nombre (por decisión de la escritora), que se enamora y casa con un rico magnate inglés Maxim de Winter (el cual la dobla en edad). Para este es su segundo matrimonio.

Rebeca, su primera esposa (muerta en extrañas circunstancias) ronda cual fantasma la mansión Manderley y el espíritu de sus amigos, criados, familia pero especialmente a su segunda esposa.

La belleza y elegancia de Rebeca (“Rebeca, siempre Rebeca (…) sus piernas largas y delgadas, sus pequeños pies (…) con manos que podrían manejar un barco, sostener unas riendas…”) se contrapone a la imagen de la joven esposa (“… ex colegiala de codos enrojecidos y pelo lacio”).

Así descubrirá que Manderley no cobija un mundo perfecto y virginal, harta de las comparaciones con su antecesora se decide a encontrar la verdad.

Todo contribuye a hacer grande la obra, la ambientación nos permite por medio de una minuciosa descripción, llegar a visualizar la mansión.

La cuidadosa caracterización de los personajes y su evolución (especialmente de su protagonista, esa joven que es tan invisible e insignificante que ni nombre posee mencionado en la novela) nos hunde en los sentimientos y sensaciones más intensas.

Dejando de lado a la protagonista, el segundo lugar dentro del personaje más logrado, sin duda lo ocupa la Señora Danvers, el ama de llaves de la mansión, la cual reverencia la figura de la antigua Señora Winter y hace imposible la vida de la joven esposa actual por medio de comparaciones antipáticas.

Podremos decir entonces que, Daphne du Maurier no solo escribió historias de terror, también se volcó con éxito a las narraciones de aventuras, históricas y de ciencia ficción.

Pero es verdad que las más populares estuvieron basadas en el suspenso y el misterio. Ese verdadero drama romántico, gótico, angustiante y sentimental donde las mujeres eran las protagonistas. En algunos casos crípticas y manipuladoras y en otros duras y maliciosas.

Una historia , podríamos sostener una novela negra, con todos los condimentos de un drama psicológico: amor, misterio, crimen, intriga y suspenso de principio a fin.

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