Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

 

Para muchos, Jair Bolsonaro comenzó a ser noticia el 6 de septiembre de este año, cuando fue atacado y herido con un cuchillo durante un evento de campaña. Lo cierto es que el nuevo presidente electo de Brasil ya contaba con una intención de voto elevada y el atentado lo catapultó en las encuestas. Una combinación de una clase política muy golpeada por los casos de corrupción, principalmente Lula condenado, le facilitaron el acceso al poder. Haddad siempre corrió desde atrás y aún con un gran apoyo de las minorías no pudo recortar la abultada diferencia de la primer vuelta.

Quizá decir que Bolsonaro es un Trump de cabotaje es reduccionista; pero las similitudes están. Un outsider con un discurso bastante sencillo, el apoyo de los grupos religiosos cristianos (evangelistas) y una creciente desconfianza en la administración convencional. Con una postura dura en sus inicios de campaña, donde podemos hacer alusión a comentarios racistas, xenófobos, homofóbicos (hay para elegir) Jair tomó la ruta de la polémica y la controversia para poner su nombre en la boca de Brasil, y más tarde, de Sudamérica. A modo ilustrativo dejamos algunas de sus frases:

  • “Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. No voy a responder como un hipócrita, ante eso, prefiero que un hijo mío muera en un accidente”.
  • “Tengo cinco hijos: fueron cuatro hombres, ahí en el quinto me dio una debilidad y vino una mujer”.
  • “El error de la dictadura fue torturar y no matar”.
  • “No corro el riesgo de que uno de mis hijos se enamore de una mujer negra porque fueron bien educados”.

Su reivindicación a la dictadura brasileña está ligada a su background: se educó dentro de las fuerzas armadas, donde fue paracaidista, para luego iniciar su carrera política como concejal de Río de Janeiro a través del Partido Demócrata Cristiano; grupo que luego se reconvertiría en el Partido Progresista.

Una vez ubicado en una posición ventajosa en las elecciones Bolsonaro bajó el tono, no por retractarse, sino por no mantener la intensidad de sus declaraciones. Tomó una postura más presidencialista, al igual que su par en Estados Unidos en la última parte de la contienda política. Ahora había que convencer a los del medio; los grupos de extrema derecha ya lo tenían como su candidato.

Desde lo económico planteó el “Brasil primero”, teorema que hoy ya electo conserva un halo de misterio: se intuye por sus visitas a Chile en primer lugar, luego EEUU e Israel un plan donde la postura ante el comercio internacional es proteccionista y un viraje del multilateralismo hacia el bilateralismo. En el caso brasileño es más complejo que en el americano: la cláusula corsé del Mercosur impide la negociación de nuevos acuerdos por fuera del organismo, por lo que se prevén más acuerdos de cooperación uno a uno que una prioridad por los masivos. Casos como el Mercosur-UE, que estaba en negociaciones finales, o el que se pensaba terminar con China pasarían a segundo plano.

Los mercados le respondieron con una suba del 3% y una apreciación de su moneda, no obstante la región no vio el impulso del nuevo gobierno electo. A lo largo del 2019 nos vamos a encontrar con un Brasil que crece pero no hacer crecer a sus socios igual que años atrás.

¿Qué podemos esperar para Argentina?

Social o políticamente diría que es una señal de alerta: la ideología por la ideología misma ya no alcanza para formar gobierno. Los votantes, en un porcentaje considerable, son capaces de hacer oídos sordos al racismo, xenofobia, transfobia. Claramente, para que un candidato saque el 55%, no sólo recibe el apoyo de la aristocracia o élite del país; sino que de las clases medias y bajas. Una seguidilla de malas administraciones que debilita a las posiciones de los partidos predominantes le puede abrir las puertas a un candidato impensado. Ahora una pregunta que varios medios se hicieron: ¿Puede haber un “Bolsonaro” en Argentina? En mi opinión, se tendrían que dar demasiadas variables para que Argentina opte por un extremo: no creo que nunca seamos tan progresistas como lo ha llegado a ser Uruguay, ni tan conservadores como lo será Brasil. Nuestro movimiento pendular entre las mal llamadas izquierda y derecha es bastante más corto y siempre viene de la mano económica. Los recortes en libertades sociales son de ajuste y necesidad más que vinculados a lo ideológico. Ningún político argentino se arriesga a alterar el balance que ofrece gobernabilidad sino es extremadamente necesario a su entender. Bolsonaro hizo campaña hablando de privatizaciones y modificaciones a las pensiones; aquí ni el candidato más liberal osaría mencionarlo.

Del lado económico una frase describe perfectamente el escenario para nuestro país: “Cuando el perro es flaco todas le son pulgas”. Argentina atraviesa una profunda crisis económica y un proceso de ajuste con el objetivo final de romper con los déficits gemelos. Un cambio que aleje a Brasil del comercio internacional nos impacta por dos cuestiones: la posible reducción del intercambio con nuestro principal socio y la pérdida de impulso en la negociación de tratados a través del Mercosur. Será menester de la administración Macri, sea hasta 2019 o 2023, encontrar una forma de avanzar en la posición de abrir el país hacia el mundo sin relegar todo el control de los acuerdos a Brasil en pos de firmar.

El gobierno de Jair Bolsonaro aún presenta una amplia gama de interrogantes: ¿Habrá un viraje hacia el centro dejando atrás las posiciones extremadamente conservadoras?¿Será tan libre el mercado como vaticinan los analistas financieros?¿Cómo lidiará Brasil con los organismos internacionales?¿Será este el momento de esplendor de la derecha en la región o el de su caída? Lo único concreto hoy son algunas declaraciones e intenciones, será a partir del 2019 que veremos el rumbo que toma Brasil.

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