La alquimia es mucho más que el arte de procurar la transformación de algún metal en otro con un mayor valor impuesto por la historia de la humanidad de manera arbitraria. Quizás este sea el concepto más conocido popularmente y aceptado desde el siglo XVI. Pero la alquimia nació allá por el año 332 a C. en el Antiguo Egipto. La entrada triunfal de Carlo Magno fue auspiciosa a la hora de los intercambios filosóficos, científicos y económicos. Por otra parte China e India buscaban elixires que prolongarán la vitalidad y nos dieran longevidad. En verdad la alquimia abarca diferentes facetas.
“La alquimia” el libro de Reinhard Federmann (Viena, Austria 1923-1976) inicia con la narración que nos lleva a la Edad Media. La importancia social, política y religiosa de los alquimistas era central dentro de una sociedad donde un alto porcentaje de sus ciudadanos no sabían ni leer, ni escribir o calcular.
Muchos reyes y cortesanos poderosos invirtieron o fueron financistas de alquimistas de moda en esa época. La Iglesia Católica no se encontró exenta de esta acción. Si hasta dejó trabajar y experimentar, por breves períodos, a aquellos hombres (casi en su totalidad) excéntricos y maniáticos de la ciencia.
El auge de ellos se dio durante esa época ya que los metales como el oro no sólo acercaba al poder y la gloria a los reinos (los cuales anexarían más tierras en guerras que podían financiar) sino que además conllevaba una especie de viaje celestial.
Es significativo decir que la historia de la alquimia se encuentra estrechamente ligada a los orígenes de la química. Los ensayos y la indagación fueron el camino que inició esta especialidad científica.
Federmann asegura así como en la antigüedad el oro fue el tótem de ese período como símbolo de poder y felicidad, hoy conociendo el valioso recorrido de nuestros tiempos este camino nos lleva hasta la energía atómica.
Aunque la alquimia no sólo creó el inicio de la química, sino que además ideó un mundo de símbolos como la serpiente que se muerde la cola y es hermafrodita o el ave fénix que resurge de sus cenizas.
Así la alquimia como práctica de la actual química fue amparada, auspiciada, repelida y perseguida de manera histórica y eminentemente arbitraria.



