Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

“La liebre de la Patagonia” fue escrita por Claude Lanzmann, un judío francés que nació en el año 1925 y murió en 2018. Esta obra fue la mayor representación del Holocausto. Su manera de decir y de mostrar fue suya y única. Ello lo llevó luego a escribir una adaptación y ese guion dio vida a la película Shoah. Su visión parece integrar capas que abordan temas relacionados con la filosofía.

Allí relata experiencias que van y vienen en el tiempo donde aparece un destello de autobiografía. El tema central es la muerte, pero también la resistencia. La supervivencia cobra otro sentido. Los escenarios son variados, así los emplazamientos se suceden entre Polonia, Francia, Alemania, Israel y Estados Unidos.

El título remite sin duda al poder de escapatoria, habilidad y rapidez de las liebres. Esas mismas que pasan por debajo los alambrados que resultarían una verdadera empalizada para el resto de los animales. Pretende salvar su vida, los perros ladran, la persiguen, se muestra aturdida, pero ese no será “el final”.

El propio Lanzmann formó parte de la resistencia francesa durante años junto a su padre y su madre mientras duró la ocupación nazi, finalmente la abandona.

En su cabeza y posteriormente en su obra literaria y cinematográfica una idea lo fustigaba sin piedad: “He de morir”. La muerte estaba ahí y no era particularmente natural, su concepción era violenta. Víctimas y victimarios. El poder de matar y el poder de morir.

Hombres que esquivaban con inquietud, liebres que cruzaban las carreteras patagónicas.

“La liebre de la Patagonia” recorre con terquedad la muerte violenta hasta llegar a la frontera que lleva a un hombre a obsesionarse con la pena capital.

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