Pedro Abraham Pedro Valdelomar (Pisco, Ica, Perú, 1888- Ayacucho, Perú, 1919) nació en la provincia de Pisco, su muerte prematura dio una sacudida en el mundo literario. Cuando migró de su lugar como ocurrió en gran cantidad de jóvenes pertenecientes a las familias de clase media, allá por el Siglo XIX, dejó reflejado en “Los ojos de Judas” su postrera mirada del puerto de su pueblo, así decía: ”El puerto de Pisco aparece en mis recuerdos como mansísima aldea, cuya belleza serena y extraña acrecentaba el mar. Tenía tres plazas. Una, principal, enarenada, con una suerte de pequeño malecón, barandado de madera, frente al cual se detenía el carro que hacía los viajes al pueblo…”.
La infancia pinta su mundo con los ojos de niño de Valdelomar. San Andrés de los pescadores era el puerto de Pisco, una aldea repleta de marinos rudos rodeados de un mar azul y extenso. Desprenderse de un amor así lo hará pagar dejando atrás una infancia tranquila y repleta de experiencia en contacto con la naturaleza. Quizás pintó también su terruño porque la vocación literaria fue prematuramente acompañada por el atractivo oficio de artista plástico.
“El Caballero Carmelo” fue un libro de cuentos publicados en el año 1918, su estilo radica en el brillo que le aporta a la literatura peruana los usos y costumbres de la vida rural. Este cuento que otorga título a la obra, relata la historia de un gallo de pelea llamado Caballero Carmelo. Ese gallo viejo debe pelear su riña más dura, se enfrentará a otro gallo mucho más joven, su nombre es Ajíseco. El honor de la familia está en juego, el dinero también. Carmelo se impone a fuerza de voluntad, pero sus heridas no lo dejarán disfrutar del triunfo. De ahora en adelante la suerte de esa familia quedará a la deriva.
El 3 de noviembre del año 1919, a la edad de treinta y un años Valdelomar fallecía. Algunas biografías indican que fue a causa de la sífilis, sin embargo aquellos especialistas que han recopilado datos sobre la melancólica vida del autor determinaron que sufrió una caída accidental que le provocó la fractura de su columna vertebral. Dos días de agonía lo separaría de la vida y la muerte. Algunos afirmarían que la muerte de Valdelomar fue aprovechada por aquellos que no le tenían simpatía con el fin de tergiversar los hechos y hacer correr rumores erróneos sobre las causas de su muerte.
Su vida supone combinar acabadamente el amor por el periodismo, la política y la literatura. Durante sus últimos jóvenes años recorrió su país brindado conferencias realizando un distinguido trabajo de divulgación cultural y tomando conocimiento de las necesidades de cada pequeño pueblo que visitaba.



