Periodista de Tierra del Fuego.

Con el final de la gira por Israel e Italia del presidente Javier Milei, todo indicaría que su regreso al país vendrá acompañando de fuertes definiciones en el territorio de lo político. La reunión con el exmandatario Mauricio Macri podría indicar un nuevo proceso para el gobierno del economista liberal, pensando en una alianza en el Congreso y la integración de más funcionarios del PRO al Ejecutivo Nacional.

Si bien el viaje no fue largo, mucha agua pasó bajo el puente: la Ley de Bases que ya parecía contar con media sanción fue sorpresivamente retirada por el oficialismo. Nunca quedó claro si Zago y compañía sabían que volver a comisiones durante la votación en particular volvía el megaproyecto a foja cero, pero el panorama en Diputados quedó marcado por acusaciones de traición y una mayor tensión con los gobernadores. Los liberales, tratando de convertir crisis en oportunidad, desviaron el golpe propio de la derrota en el ámbito legislativo hacia las provincias, que ahora sufrirían de forma más directa el ajuste que viene proponiendo el ministro Caputo.

Con “listas negras” mediante, la oposición dialoguista se fragmentó en traidores y aliados en una lluvia de declaraciones de más de un diputado y diputada aludiendo haber acompañado o no al presidente en su reforma fallida. Para echarle más leña al fuego que es el Congreso, en quizás uno de los peores tiempismos políticos de la historia moderna de la Argentina, la diputada por Santa Fe Rocío Bonacci por LLA presentó un proyecto para derogar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Aunque ahora su propio bloque le “soltó la mano” y aludieron que la diputada debutante presentó el mismo sin firmas y fuera de los plazos establecidos (debería ser luego del inicio de las Sesiones Ordinarias), el revuelo que ocasionó tuvo tantos análisis como intérpretes: que era un mensaje hacia el Papa Francisco, una operación de la oposición o una forma de debilitar la figura del presidente del bloque Oscar Zago.

Ahora, en una semana corta luego del feriado de Carnavales, la cubre Milei-Macri determinará en gran medida el rumbo político que toma esta gestión. Los rumores son tan variados como inverosímiles, pero todo parecería indicar que los puntos de negociación siguen una misma lógica: volver al PRO el principal aliado de LLA de forma oficial, aprovechando la experiencia de su dirigencia. De ambos lados dan por hecha una alianza en forma de inter bloque en las Cámaras, debatiéndose si se realizarán modificaciones en la cúpula, volviendo el nombre de Ritondo a aparecer como posible presidente de Diputados. Ya del lado ejecutivo, los cargos que habían sido asignados a aliados de los gobernadores como ANSES y Minería entre otros, podrían caer también en manos de algunos viejos conocidos que participaron durante el gobierno de Macri entre 2015 y 2019. El último escollo sería el flamante nuevo funcionario Daniel Scioli. No es ningún misterio que en el búnker de Macri no le tienen nada de cariño y la participación del oficialista a pesar de los cambios de gobierno podría ser de las más breves de la historia.

La realidad es que el espacio liberal, a pesar de querer transmitir calma y la existencia de un plan que viene aplicándose, carece de experiencia en el recinto legislativo y por sobre todo, negociación política. Ya quedó demostrado que sin generar diálogo y consenso los votos para las reformas estructurales del Estado no alcanzan. Las desprolijidades recurrentes y la falta de conocimiento son algo que hoy la sociedad tolera, pero esa situación podría cambiar rápidamente, siempre estando el humor social vinculado con la endeble situación económica.

Del otro lado de la vereda política la semana estuvo marcada por la algarabía. La alianza del PJ y la Izquierda se llevó una victoria en Diputados con la caída de la Ley Ómnibus, aunque no queda bien claro si fue por trabajo propio o los errores de sus contrincantes políticos. Ahora, le queda dar otro golpe con el DNU, en una disputa que Senadores y la vicepresidente Villarruel llevan desde el inicio de Sesiones Extraordinarias.

No obstante, no todo fue alegría para la oposición esta semana. La foto de Francisco y Milei no fue la esperada en la visita del mandatario al Vaticano por la canonización de Mama Antula. Lo que se esperaba como un recibimiento frío y protocolar, terminó exhibiendo el condimento propio de la argentinidad con un efusivo abrazo entre dos de las figuras más importantes del país que parecían estar peleados durante la campaña. En Argentina, la izquierda y el progresismo, que en el resto del mundo son de vertiente atea, esperaban que la sangre peronista del Papa primara por sobre su rol de jefe de la Iglesia. Los liberales, que llegaron al poder gracias a una alianza con los evangélicos (que tienen sus propias tensiones con los católicos), festejaron con abrazo de gol el abrazo de Milei y Francisco. En este país nada es lo que parece y en la lucha propia de la política, las alianzas más extrañas son las que prevalecen.

En el medio de las discusiones y debates entre oposición y oficialismo, también hay tiempo para las luchas intestinas. El PRO tiene en mente una alianza con LLA y acompañar a Milei en su aventura por Casa Rosada, pero también tiene una disputa de poder en el partido entre la hoy ministro de Seguridad Patricia Bullrich y el expresidente Mauricio Macri. No es ningún secreto que Macri quería ser el Jefe de Gabinete sin cargo, y el acuerdo de Bullrich y Petri por sus cargos frustró sus planes. Ahora, con Ritondo como principal pieza, quiere volver a la carga para asegurar su espacio en el proyecto de esta “nueva Argentina” de la que tanto habla Milei.

La vuelta del presidente le presenta un escenario muy distinto al que dejó en su partida. A mi humilde entender el momento del viaje no fue el mejor: no dejó dirigentes con poder de decisión para acordar la media sanción de su primera ley en Diputados y pasó a ejercer el rol de panelista por Twitter, dejando entrever su posición entre “me gusta” y un comunicado redobló la apuesta hablando de acuerdos y negocios espurios.

Ahora, con las cartas echadas, Milei buscará integrar a Macri y su equipo a la gestión, balanceando las presiones propias de contar con un expresidente y líder político bajo su ala, algo que no suele salir bien, si no pregúntenle a un tal Alberto Fernández. En el riñón del economista saben que necesitan apoyos para aprobar las reformas que desean, y que gobernar sin Congreso es una misión imposible aún para los más experimentados. Suena raro hablar de reorganización y oxigenar la gestión a dos meses de haber comenzado, pero el gobierno ha recibido múltiples golpes, propios de su ambición por un cambio acelerado. Ahora llega el momento de pagar los platos rotos y aceptar, que a pesar del 56% obtenido en noviembre, no todos los apoyos son del mismo calibre. La casta quizás es como la energía: no se crea ni se destruye, sino que se transforma.

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