Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

Con las preferencias ya determinadas en la ciudad de Ushuaia, el último por determinar a las y los electos, salta a las claras que la transformación del Partido Justicialista iniciada hace ya algunos años se ha convertido en una realidad. Si bien el espacio ya había “purgado” a buena parte de las y los dirigentes de antaño, ahora son las urnas las que siguen la tendencia, reforzando la teoría de un electorado que se siente más identificado con las nuevas figuras y su peronismo heterodoxo.

Decir que actualmente el peronismo es progresista quizás ofenda a alguna u alguno de los más veteranos; pero es una realidad. Los que alguna vez fueron “echados” de la plaza por el General hoy son la punta de lanza del partido, algo que habla más de la capacidad de reinventarse del partido que  una pérdida de rumbo en su extensa trayectoria. Aunque en el escenario nacional esta transición comienza a darse tibiamente, con nombres como el de Wado De Pedro en el rumo de una eventual fórmula de unidad, en la provincia de Tierra del Fuego ya se encuentra completamente en efecto.

Sacando la gobernación, que también responde a un peronismo no tradicional pero de la corriente FORJA, los principales estamentos están ocupados por la organización política La Cámpora, muchas veces señalada como el origen de todos los males, pero que simplemente reúne a las y los principales dirigentes de un PJ que se piensa en clave más progresista y postmoderna que su contraparte autodenominada federal. Aquí aparecen las intendencias de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin, con Walter Vuoto, Martín Pérez y Daniel Harrington respectivamente, que han ganado sin mayores dificultades y continuarán a cargo de los municipios.

Si miramos nombre por nombre, los peronistas de la vieja guardia que permanecen en algún cargo electivo se han sabido adaptar a esta nueva ola de militancia, como sería el caso de Juan Carlos Pino hoy legislador electo. Otros, como Myriam Martínez migraron hacia FORJA. Lejos en estos comicios quedaron la exgobernadora Rosana Bertone, bastión del PJ federal en la isla, los espacios sindicales en cuestiones de preferencias al Concejo Deliberante (Herrera de Camioneros no logró la tan preciada banca), o el exmandatario Claudio Queno que repitió derrota con una auténtica paliza por la intendencia de Tolhuin.

Si pensamos en el germen de este proceso de modernización del peronismo, el primer “motor inmóvil” es Walter Vuoto. Hace lo que parece una eternidad, se convertía en uno de los primeros concejales de La Cámpora en su historia, siendo luego el primer intendente en una capital. Hoy, va por su tercer mandato y es la cara visible del Partido Justicialista en la Provincia. Aunque su rereelección fue la más ajustada, principalmente por la polarización que generó su rival, el joven intendente lleva dos elecciones a concejales, tres a intendente y una Convencional Constituyente ganadas de forma consecutiva, sentando un precedente que hoy vemos replicarse en el resto del país.

Esta tendencia ganadora en estos comicios también se destacó en el Concejo Deliberante: triplicó a la segunda fuera en votos y contará con 5 de las 10 bancas disponibles con la presencia de Laura Avila, Gabriel De la Vega, Yesica Garay, Nicolás Pelolli y Cristina López. A simple vista, tres de los nombres están ligados directamente con su riñón y la famosa “orga”, mientras que De la Vega ya podría ser calificado como una adhesión a su espacio y López proviene del espacio de Pino, otro de sus aliados.

Siguiendo con esta tendencia, la Legislatura nos cuenta una historia similar: el PJ primero en votos, compitiendo directamente contra la lista ungida por un gobernador que ganó con el 51% de los votos y contaba con incorporaciones de la UCR y el PJ tradicional. Así, serán Juan Carlos Pino, Victoria Vuoto y Tomás García los tres representantes de la lista en la Legislatura Provincial.

Siguiendo la tendencia de Ushuaia está Río Grande, donde Martín Pérez llevó adelante una reelección casi sin competencia, sacándole un 50% a su competir directo de Juntos por el Cambio. Los números, quizás hasta groseros, responden en buena parte a una gran gestión del intendente que atacó de lleno el problema de la obra pública y una oposición fragmentada que no logró conectar con el electorado, algo que queda retratado con un 23% de los sufragios en blanco.

Tolhuin, como no podía ser menos que sus hermanas, subió la vara y enfrentó a los dos arquetipos de estos PJ: el tradicional y ortodoxo de Claudio Queno y una versión más progresista e inclusiva de Daniel Harrington. El intendente, ahora reelecto, vapuleó a Queno obteniendo el mayor porcentaje de todos los ejecutivos con el 57,91% y también se hizo con la victoria en el Concejo Deliberante, quedando a unos meros votos de lograr una difícil tercera banca de las cinco disponibles. Harrington, quizás el más ecléctico de los tres jóvenes intendentes y menos ligado a La Cámpora (recordemos el estrecho vínculo de Vuoto con Máximo Kirchner y que Martín Pérez compartió banca con el referente de la organización), supo consolidarse en su distrito y desplazar al histórico mandatario previo con una elección impensada en 2019 y con desparpajo en 2023.

Anticipando lo que podría ser una victoria de la actual oposición en octubre, esta versión postmoderna del PJ provincial deberá cerrar filas y articular de forma interna más que nunca, previendo recursos más escasos y programas nacionales más limitados no solo por la crisis sino por el enfoque de gobierno que uno podría inferir en candidatos como Larreta, Bullrich o Milei.

El Justicialismo nacional, un poco más atrasado en este proceso de reconversión y atrapado en su ortodoxia, parece vacuo de figuras que puedan cargar con un proceso electoral complejo y un contexto aún peor. El espacio parece reticente a entregar las riendas a figuras que antecedan la tercera edad y eso le genera un nivel de desconexión casi insólito con las juventudes, que hoy son coptadas por el liberalismo que parece comunicar su mensaje en el mismo idioma.

Quizás la provincia tuvo una transición más sencilla por el tenor de sus propias y propios dirigentes, que han ganado los espacios con sangre, sudor y lágrimas, abriendo paso a una militancia más ligada a las disidencias y el colectivo feminista en oposición al histórico sindicalismo que supo ser el primero en alzar las banderas del PJ. No obstante, el peronismo se reconstuye constantemente, permeando en los sectores de ideología más estática y adaptándose, entendiendo la evolución como la única forma de permanecer a la cabeza de la política nacional. En su ideología fundacional nada cambia: la famosa tercera posición, el desarrollo de la industria nacional o el acceso a los derechos, simplemente los enfoques: la tercera posición hoy es una multilateralismo de buen diálogo con Estados Unidos y China, en oposición a un pivoteo para evitar quedar atrapado en la Guerra Fría; la industria nacional dejó de pensarse en clave de industria ligera, mediana y pesada en pos de la industria del conocimiento y los servicios; mientras que el acceso a los derechos hoy responde más al colectivo LGTBIQ+, el feminista y las afrodescendencias, que se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad que digamos las y los trabajadores.

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