Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

En la mayoría de los casos, la gente dice que adoptar un perro es otorgarle una segunda oportunidad. Creo que encontrar un compañero es un privilegio que pocas veces nos llena tanto nuestro corazón que alegra el alma.

José Saramago (Portugal 1922- España 2010) fue mucho más que el primer escritor nacido en Portugal en ganar un Premio Nobel de Literatura (1998). Decidió escribir su primera novela a los treinta años. Aunque ella no fue publicada inmediatamente nunca más se detuvo. Ríos de tinta fueron dedicados a los perros que ocupan lugares valiosos al lado de los personajes de sus historias.

Así como Albert Camus en “El extranjero” nos hace conocer el viejo Salamano y su perro, Saramago convivía en la vida real en su casa de Lanzarote con tres amigos inseparables. Estaba Pepe, un caniche, Greta, una yorkshire y Camoens, un pequeño perro peludo y ruliento. Este último fue el único que sobrevivió a Saramago. Pero también fue ese mismo el que inspiró en vida del escritor la creación de Encontrado, el mayor compinche del alfarero Cipriano Algor, protagonista de su obra “La caverna” (2000).

Saramago decía que en su niñez pensaba que los perros albergan un propósito, pero ya siendo adulto descubrió que simplemente pueden ser mascotas. Algunos son mucho más … son compañeros de viaje y él lo supo.

Camoens fue recogido de la calle, a punto de ser pateado por una señora la cual se sintió intimidada por el ladrido del can, pero él solo expresaba temor. Lo que se dice, un perro reactivo.  Saramago no dudó en refugiarlo en su casa. Nacía un amor eterno. Se gestaba un real compañero.

Cuando su amigo falleció, Camoens se paseaba entre el sillón y la sala buscando la humanidad de Saramago. Días en vela, los cuales partieron aún más el corazón de su esposa Pilar.

Camoens había llegado al mismo tiempo que por teléfono le anunciaban que era el ganador del Premio Nobel de Literatura. Pepe y Greta ya habían partido al “paraíso de los perros” como él lo llamaba.

En “La balsa de piedra” (1986) pone a un perro para que acompañe en la travesía a los tres hombres y las dos mujeres protagonistas, unidos por el azar. 

Constante fue el nombre elegido entre muchas y variadas opciones (entre ellas: Piloto, Fidel, Centinela, Ángel de la Guarda). Saramago los veía como “la plataforma donde se encuentran los sentimientos”.

En “Ensayo sobre la ceguera” (1995) un perro bebe de las lágrimas de una mujer. Es un perro “que es una animal áspero e intratable cuando no tiene que enjugar las lágrimas” de la protagonista, esposa de un médico ciego, pero que ve todas las desgracias del mundo. Saramago pensaba que esta escena era uno de los momentos más bellos de su obra.

El mail particular de Saramago remitía al nombre de Encontrado (en portugués Achado) de su libro “La caverna”, para lo cual el escritor tenía una explicación ocurrente y decía: “…los que me escriben, para llegar al hombre tienen que pasar primero por el perro…”

Ellos iluminaron con su luz las novelas del premio Nobel portugués, fueron simplemente omnipresentes.

En el año 2003 en México, José Saramago decía:”…encuentro en los perros más humanidad que en los hombres…” y no se equivocaba.

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