En medio de una discusión todavía abierta en Tierra del Fuego sobre el futuro de la acuicultura, uno de los impulsores de la salmonicultura en tierra en Chubut habló sobre la tendencia global en la producción del salmón.
Lejos de las jaulas en el mar, este modelo propone un esquema industrial con fuerte componente tecnológico, menor impacto ambiental y una lógica productiva distinta, que podría convertirse en una vía concreta para diversificar la matriz económica fueguina en un contexto de caída de la actividad hidrocarburífera.
Guillermo García, uno de los referentes del proyecto que impulsa la empresa AquaPatagonia en Chubut, explicó que la decisión de avanzar con este sistema no es casual, sino que responde a una tendencia global. “Estamos viendo para dónde va el mundo en términos de salmonicultura, sobre todo por sus calificaciones ambientales y sanitarias”, señaló, y remarcó que el sistema RAS —que desarrolla toda la producción en tierra— permite un control total de las condiciones de cultivo, desde la calidad del agua hasta la sanidad de los peces . En ese sentido, aseguró que este tipo de producción “es mucho más aceptada comercialmente a nivel mundial” y que su trazabilidad es más fácil de certificar, un factor clave para mercados cada vez más exigentes.
El sistema funciona a partir de la captación de agua de mar que luego es filtrada, acondicionada y reutilizada dentro de un circuito cerrado. Solo una pequeña parte del agua —alrededor del 5%— vuelve al mar, también tratada, lo que reduce significativamente el impacto ambiental, explicó García. Además, a diferencia de la producción en jaulas marinas, este modelo evita la necesidad de tratamientos sanitarios intensivos, una de las principales críticas que enfrenta la salmonicultura tradicional a nivel internacional.
Pero más allá de la cuestión ambiental, hay un punto estructural que García considera determinante para pensar la actividad en la Patagonia atlántica: las condiciones geográficas: “En la costa atlántica no hay fiordos ni perfiles de seguridad y estabilidad de mareas que permitan una inversión segura en jaulas en el mar”, explicó. Se trata de un dato clave para Tierra del Fuego, donde en distintos momentos se planteó la posibilidad de instalar granjas marinas frente a la zona de Río Grande.
El sistema RAS permite sortear esas limitaciones y avanzar hacia un esquema productivo más previsible. El proyecto que impulsa AquaPatagonia apunta a una producción de 5.000 toneladas anuales en un plazo de entre tres y seis años, detalló García, con una inversión estimada en torno a los 40 millones de dólares para esa escala. La iniciativa, además, contempla la generación de empleo directo e indirecto y la posibilidad de integrar energías renovables —como la eólica— para abastecer parte del consumo energético, uno de los principales desafíos de este tipo de sistemas.
El trasfondo de esta apuesta es económico. García plantea que la región atraviesa un proceso similar al que viven otras cuencas petroleras: una pérdida de centralidad productiva frente a nuevos polos como Vaca Muerta. “Antes esta zona exportaba miles de toneladas de proteína animal, hoy eso ya no existe. Tenemos que pensar en producir de otra manera”, sostuvo. En ese marco, la salmonicultura en tierra aparece como una alternativa para generar valor agregado, empleo y desarrollo tecnológico, en lugar de depender exclusivamente de la extracción de recursos.
La discusión no es ajena a Tierra del Fuego. La Ley 1355, sancionada en 2021, había prohibido la salmonicultura en aguas abiertas, pero al mismo tiempo habilitaba y promovía este tipo de producción en tierra. Sin embargo, la reforma aprobada en diciembre de 2025 reabrió el debate político, ambiental y judicial sobre el rumbo de la actividad. En ese escenario, el caso de Comodoro Rivadavia funciona como una referencia concreta: muestra que existe un modelo alternativo en marcha, alineado con las tendencias internacionales y con potencial para adaptarse a las condiciones locales.
En definitiva, lo que está en juego no es solo el tipo de tecnología a utilizar, sino el modelo de desarrollo. La transición de economías basadas en la extracción hacia esquemas de producción sustentable aparece como uno de los grandes desafíos de la Patagonia.



