Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

David Huerta Bravo (Ciudad de México, México 1949-2022) es poseedor de una extensa y fecunda trayectoria poética. Su talento se ve reflejado en varias antologías poéticas como “La sombra de los perros” (publicada en el año 1996), “Cuaderno de noviembre” (1976), “Huellas del civilizado” (1977).

La perspicacia que rodea a la prosa le llega heredada por la rama de su padre, un reconocido poeta mexicano llamado Efraín Huerta. Su madre aunque de más bajo perfil fue una de las precursoras del trabajo social en México, se llamaba Mireya Bravo.

El reconocimiento popular de su padre le trajo un conflicto interno con sus destrezas literarias. Pensó en ser sólo él, no competir. No podría igualarlo, pero su alma y sus manos siguieron escribiendo.  Leer lento y cuidadosamente era su mejor ejercicio. Aunque siempre abogó por la poesía como sinónimo de pasión y conversación con el alma.

Amó con entusiasmo a Cervantes (Alcalá de Henares, España, 1547- Madrid, España, 1616) y Luis de Góngora (su nombre completo era Luis de Góngora y Argote, Córdoba, España, 1561-1627).

Su poesía poseía un entramado que cambió la forma de avistar el vuelo poético. Aunque su prosa no sólo habló de lo no dicho y lo percibido. 

El 2 de noviembre de 2014 escribió el poema “Ayotzinapa” el cual visibilizó la terrible desaparición de cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” los cuales se dirigían a una conmemoración que se realizaría el día 2 de octubre de 2014 en la ciudad de México recordando la represión estudiantil del año 1968. La noche del 26 al 27 de septiembre de 2014 se produjo la desaparición forzada a cargo de policías locales.

El comienzo de su poema dice: “Mordemos la sombra/ y en la sombra/ Aparecen los muertos/ como luces y frutos/ Como vasos de sangre/ como piedras de abismo/ como ramas y frondas/De dulces vísceras/ Los muertos tienen manos…”

Dispuso el lenguaje como sinónimo de aflicción, pero también como motor de cambio.

El código encriptado de sus versos hizo que la reprobación social mirara a quienes veneraban el amor, pero también a los que alzaban la voz. 

Poesía para percibir el mundo.

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