Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

Michael Desmurget (Lyon, Francia 1965) es Doctor en Neurociencia y Director del Instituto Nacional de Salud y la Investigación Médica de Francia. Su obra científica lo ha hecho popularmente conocido por medio de “La fábrica de cretinos digitales”, la cual fue publicada en el año 2020. En este libro Desmurget afirma que “Los nativos digitales son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres”. Claro que así expresado nos podemos preguntar en qué pilares se apoya tal asentimiento. Considera que el desarrollo cognitivo disminuye a causa de diversos factores, entre ellos la exposición temprana a las pantallas, la contaminación ambiental, el uso estandarizado del lenguaje, la fragmentación, el criterio selectivo en la búsqueda de datos en la red, las pobres o escasas interacciones familiares y sociales entre los principales. Todos ellos contribuyen al bajo rendimiento académico, la insuficiente adquisición del lenguaje y la fluctuante concentración.

Es verdad que el propósito que en su mayoría persiguen el uso de los dispositivos tecnológicos anclan dentro del puerto recreativo. Ellos están preparados para “enchufar y jugar” según propias palabras del autor. No se ponen en competencia acciones que determinen el rendimiento y la operatividad de tales pantallas. Así el estudio de esta obra se reparte entre los efectos nocivos del uso de la tecnología en adolescentes y niños, basados en estudios, gráficos y ejemplos comparativos sobre diferentes investigaciones. En una segunda parte el libro analiza las secuelas que arrastran en su sistema aquellos que han empleado los dispositivos electrónicos desde temprana edad.

En la primera parte llamada Homo Mediaticus: La construcción de un mito, Una superioridad funcional inexistente refiere a la charlatanería mediática y la influencia de ciertas estructuras comerciales que respaldan sus teorías de la plasticidad cerebral unidas a documentales financiados por los propios proveedores de videojuegos.

Sabemos que hoy la tecnología se ha vuelto insustituible dentro del terreno del estudio y el trabajo. Claro que la socialización, la compra y la venta han sido virtualizadas en igual forma, pero Desmurget nos propone preguntarnos el por qué de esa inocencia a la hora de escuchar y afirmar, sin cuestionarnos, que la tecnología favorece el desarrollo de las conexiones y la arquitectura neuronal en nuestro cerebro, peor aún en el de aquellos que están en los albores de su evolución, por ello nos invita a pensar basados en este interrogante:” ¿Cómo es posible que, después de cincuenta años de coincidencia de resultados en las investigaciones, los padres sigan pensando que este tipo de productos tienen efectos positivos en el desarrollo de los niños?”.

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