Periodista de Tierra del Fuego.

Los 2 de abril en Tierra del Fuego son un momento especial de remembranza y reflexión: la cercanía geográfica con las Islas Malvinas y que sean parte del territorio provincial, además de la gran cantidad de veteranos y veteranas que habitan la misma, hace que la fecha tenga un tenor distinto al resto del país. Con esa lógica, los actos en recuerdo de la fecha que involucran a la política, suelen tener un tinte solemne con una fuerte impronta hacia el reclamo del territorio ocupado ilegalmente por Reino Unido.

Bastante más lejos de la capital de las Islas del Atlántico Sur, el presidente Javier Milei dedicaba algunas palabras al Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas que le toca transitar como jefe del Ejecutivo Nacional por primera vez. Con un discurso breve, el jefe de Estado subrayó algunos de los clásicos de la política internacional argentina con respecto a las islas, reafirmando el reclamo por la soberanía de las mismas, aunque buena parte de sus detractores cuestiona la veracidad de los mismos con sus acciones en el plano internacional.

Milei, que ha dejado en claro tener como hilo conductor de todos los aspectos de la realidad a la economía, utilizó el enfoque del reclamo para darle una “vuelta de rosca” a la temática. Para el liberal, la única forma de avanzar en un reclamo soberano real, que no sea una utilización política de la causa, necesita de una integración al concierto de las naciones. ¿Cómo? A través de prosperidad económica, que según su lado de la biblioteca, es libertad económica. En la fórmula del presidente además de contar con una economía estable, donde el país se haga cargo de sus obligaciones a nivel internacional, también aparece la fortaleza de las instituciones públicas, en este caso unas Fuerzas Armadas respetadas y “reconciliadas” con la sociedad.

Dejando las palabras del presidente de lado por un momento, me gustaría detenerme en lo que se mostró o el metamensajeque da la puesta en escena del Gobierno Nacional para su primer 2 de abril. Primero, la locación: el actual presidente habló desde el Cenotafio de los Caídos en el barrio porteño de Retiro. Al igual que Alberto Fernández y Mauricio Macri, el presidente pegó el faltazo a la provincia del territorio en disputa. Si vamos un poquito más atrás, Cristina pasó por Ushuaia en 2012 por los 30 años de la Gesta, mientras que Néstor realizó su acto en Río Grande en 2004. Algunas veces, la grieta más que política parece regional.

En segundo término, ya adentrándonos en los pormenores de las declaraciones presidenciales, hay un claro intento “refundacional” desde la línea comunicacional de Milei. Hablar de reclamos reales ahora y reclamos para la “tribuna” sin resultados, algo difícil cuando hablamos de disputas territoriales entre países, es en algún punto marcar una diferencia aunque el rumbo sea el mismo. En las últimas décadas Argentina avanzó en su reclamo a través de presentaciones como por ejemplo la vinculada a la plataforma continental o presentaciones con espacios como el Comité de Descolonización. El presidente liberal propone un enfoque distinto, expresando tácitamente que es uno que puede dar resultados, presentar un país ordenado hacia el mundo, con una fuerza militar saludable.

Con ese mismo eje de pensamiento, Milei se tomó un tiempo para reivindicar la figura de Julio Argentino Roca y la generación del 80 que tomó como bandera de “Una Argentina Grande” durante la campaña. Sin entrar en detalles, Roca es la figura responsable de la expansión territorial de la Patagonia con la famosa o infame, dependiendo el analista, “Conquista del Desierto”. En el ámbito político, durante su presidencia se sancionó el Código Penal, se creó el Registro Civil e impulsó la Ley de Educación, de la pluma de Sarmiento. Irónicamente, y a diferencia de quién hoy lo alaba, Roca tuvo una política de gasto expansivo con mucha obra pública con trenes, el Puerto de Ensenada, el de Buenos Aires y edificios públicos así como créditos con tasa subsidiada, algo que llevó a un extenso déficit fiscal y una abultada deuda externa.

Ya cerca del final, Milei intentó enlazar este vínculo de cercanía con las Fuerzas Armadas, principalmente facilitado por las figuras de la vicepresidente Victoria Villarruel y la ministra Patricia Bullrich, en pos de invitarlos junto a las organizaciones de Veteranos como testigos y estandartes de la Argentina en su famoso Pacto de Mayo. Aunque minutos antes el mandatario recalcó que no había que usar las causa Malvinas para hacer política, trajo a colación su proyecto para “el nuevo orden económico argentino”. 

En una línea comunicacional similar a la aplicada durante el 24 de marzo con el video oficial “Memoria, Verdad y Justicia Completa”, desde el búnker de Milei entienden que el voto joven liberal ya está fidelizado, y ahora hay que salir a convencer al votante conservador, más asociado a la tercera edad. Un público que responde mejor a frases como “el honor de portar el uniforme” o se siente más cercano a algunas instituciones como podrían ser las Fuerzas Armadas. La construcción política de Milei no es una de actos, sacando el DNU no tiene mucho más para mostrar, sino de frases: no genera militancia sino audiencia. El momento emotivo de Victoria Villarruel recordando a su padre Eduardo Villarruel, segundo jefe de la Compañía de Comandos 602 de Aldo Rico, apela a ese costado emocional del televidente, a enfatizar la cercanía con las instituciones del “orden” o recordar las épocas doradas de los libros de historia que nadie vivió hace más de 100 años.

En el ínterin el reclamo por la soberanía de Malvinas, una de los pocos elementos identitarios y causa de unidad que involucra a todas y todos los argentinos sin importar edad, género, religión o situación socioeconómica, pasa a una nueva mano que promete “avances” con una hoja de ruta que tiene como fundamento una expresión de deseo. No es la primera vez, y desgraciadamente no será la última. El “reconciliar” de Milei, se termina convirtiendo en un “redireccionar” hacia el plan económico que como Ley Sagrada: el único camino hacia la tierra de miel y leche, o como le gusta decir los liberales, Alemania.

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