Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

Demmin es una ciudad alemana ubicada a 156 kilómetros de Berlín. Por más de setenta años sus habitantes han preferido olvidar la historia de horror que se vivió allí. Lo que temen recordar es la época en que las malas noticias de la perdida de la guerra llegaron y con ello los suicidios colectivos. Hitler había muerto y el ingreso del Ejército Rojo era inminente.

Cientos de habitantes se arrojaron y arrojaron a sus hijos al río Penne envueltos en bolsas con piedras, después de este acto ya no habría retorno para esas madres y esos padres. Se contabilizaron más de novecientas muertes en solo tres días. Eso significaba por aquel entonces el diez por ciento de su población total.

“Hijo, prométeme que te matarás” de Florian Huber (Nüremberg, Alemania 1967), este historiador alemán se ha encargado de documentar uno de los actos de suicidio colectivo más numeroso de Alemania. En el refleja el miedo de caer en manos del Ejército Rojo de los habitantes de ese pequeño pueblo hacia el ocaso del régimen nazi y la Segunda Guerra Mundial. El título completo de este texto es: “Hijo, prométeme que te matarás.  El ocaso de la gente de a pie en 1945”.  En algunos países se comercializó con el nombre “Hijo, prométeme que te pegarás un tiro”. Huber explica que los habitantes no solo murieron ahogados, sino que varias familias se reunieron y decidieron que una bala sería más efectiva que hundirse en las frías aguas del río Penne acompañado de bolsas de piedras. Otros optaron por colgarse en el bosque que rodea el poblado, adultos, niños y ancianos corrieron la misma suerte. Algunos hablan de novecientas almas, pero se cree que el número ascendió hasta dos mil.

Huber, en su libro, abona la teoría de un estado de conmoción la cual facilitó la histeria colectiva que llevó a tomar esta drástica decisión. Claro que los fuertes mensajes de propaganda nacionalista planificados por Joseph Goebbels (Ministro de propaganda de Hitler), el cual afirmaba: “Mejor la muerte a caer en manos de los rusos” contribuyeron a la llegada del horror de la mano de sus compatriotas. No obstante, él también formó parte del mismo plan y gestó una tragedia donde sus seis hijos (un niño y cinco niñas) fueron asesinados por sus propios padres, posteriormente ambos corrieron idéntica suerte.

La radio, según Huber, también se encargó de sembrar el pánico dando detalles siniestros sobre los saqueos, violaciones y asesinatos que el Ejército Rojo cometía al pasar por los territorios que iba dominando. El autor no cree que haya influido la decisión de Hitler y varios altos mandos de suicidarse sobre la población en general y argumenta que :”… Hitler se suicidó el 30 de abril, al día siguiente la radio anunció que había caído en batalla, no se dijo nada del suicidio. La paradoja es que esta figura que los alemanes amaron e idolatraron convirtiendo en un mito, se desvaneció en el transcurso de los últimos meses del conflicto. En ninguno de los diarios que leí de la época encontré alguna manifestación de duelo por su muerte. Alemania se hundía y a la gente Hitler ya le daba igual…” (Fragmento del texto “Hijo, prométeme que te matarás” de Florian Huber).

Es sabido que ante la derrota inminente Goebbels pronunció su último discurso (radial) he hizo creer al pueblo que una victoria era aún posible. Llamó a la población a una guerra total y aconsejó: ”soportar valientemente la batalla para alcanzar la grandeza”. Un triste final le esperaba también a los fanáticos del régimen.

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