Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

Arthur Rimbaud (Jean Nicholas Arthur Rimbaud, Francia 1854-1891) fue un poeta iluminado. En sus inicios,  su inspiración nació de la mano de Víctor Hugo (Besanzón, Francia 1802- París, Francia 1885). Los principios estéticos y los versos libres de la poesía lo acercaban a vivir intensamente con las letras como testigo.

Su aspecto lo delataba, habitualmente llevaba sombrero, una elegante pipa, las manos en los bolsillos y una larga cabellera. Así se levantaban comentarios de todo tipo a su paso.

Claro que la poesía no fue su única pasión. En algún tiempo se volcó exclusivamente a la fotografía. Sus viajes por Europa en tren y barco fueron cada vez más frecuentes. En el año 1880 su entorno lo llamaba cariñosamente “el hombre de las suelas de viento”.

África lo vio llegar buscando fortuna. Recaló en Etiopía donde fue el intermediario en la venta de armas al rey etiope Menelik II (Etiopía 1844-1913).

Paralelamente su obra ganaba más prestigio en los círculos literarios europeos. A pesar que su lenguaje era catalogado como impropio y desagradable para la época. El entorno natural era habitual en su escenario poético, rechazaba los aspectos burgueses y se movía con encanto en el barro.

A esta etapa de la vida de Rimbaud se la llamó “el silencio de Rimbaud” así activaría el misterio y la mordacidad que rodeaba su imagen. Su vida era una una oscilación constante marcada por el amor y la violencia en su relación con el poeta Paul Verlaine (Metz, Francia 1844- París, Francia 1896). Numerosas cartas dan testimonio de tales hechos iracundos. Verlaine estaba casado, era padre de un niño pequeño, pero su pasión por Rimbaud y su poesía hicieron que juntos vivieran más de dos años en Londres. Los celos profesionales y personales determinaron el escape de Verlaine a Bruselas y así el amor terminó.

“Una temporada en el infierno” fue la única obra publicada por propia desición de Rimbaud, así se autodefine como “la esclava del esposo infernal”: “Muy emocionados, trabajábamos juntos. Pero después de una penetrante caricia, me decía: Cuando yo ya no esté, qué extraño te parecerá esto por lo que has pasado. Cuando ya no tengas mis brazos bajo tu cuello, ni mi corazón para descansar en él, ni esta boca sobre tus ojos. Porque algún día, tendré que irme, muy lejos…”

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