Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

Émile Zola nació en París en 1840 y murió en la misma ciudad en 1902. Su padre falleció muy joven, por lo cual Émile dejó sus estudios como bachiller para comenzar a trabajar en una librería. Así empezó a escribir en diarios y revistas.

Pero ya desde novelas como “La confesión de Claude” (1865) o “Thérèse Raquin” (1867) los periódicos de Francia pusieron el grito en el cielo por sus obras. Ellas daban vida al naturalismo como una rama del realismo. Estas estaban basadas en la realidad, reproducían los aspectos mas excelsos pero también las miserias mas crueles.

Sus personajes carecían de esperanza. El racismo, la violencia, el vicio y la enfermedad son los aspectos negativos que determinaron fuertes críticas hacia sus obras.

Algunos catalogaron su literatura como “escritura putrefacta” pero él continuó publicando sus textos en forma de folletos o en diarios.

No solo se ganó la aprobación de los lectores, sino que también cobró notoriedad.

Pero no todo era literatura en la vida de Zola, el caso Dreyfus hizo que redoblara su apuesta de compromiso social y político ante el pueblo francés.

En 1894 el oficial Alfred Dreyfus es condenado (por medio de pruebas poco claras en su contra) por un tribunal militar a prisión perpetua, acusado de entregar documentos secretos a Alemania. Es válido aclarar el origen judío de este militar.

El antisemitismo y la xenofobia habían triunfado. Dreyfus era deportado a la Isla del Diablo en la Guayana Francesa.

Zola envía en 1898 su famosa carta conocida como “Yo acuso” al presidente francés Félix Faure.

Este alegato fue publicado en el diario L´Aurore. A causa de esta carta fue juzgado, condenado, multado y marchó al exilio. 

Poco después se comenzaría a revisar el caso Dreyfus. Además de encontrarse graves irregularidades se comprobó que los documentos que se utilizaron para comprometerlo eran falsos.

Zola regresa de su destierro desde Londres en 1899 y Dreyfus es trasladado a Francia para tener un segundo juicio. Recién en 1906 logra ser reincorporado al ejército, demostrando con la restitución de su cargo, su plena inocencia.

Zola no logró verlo ya que entre el 28 y el 29 de septiembre de 1902 muere misteriosamente en su casa a causa de las emanaciones de una chimenea.

Nunca se investigó el hecho a pesar de la gran cantidad de amenazas que recibió luego de la publicación de su carta “Yo acuso”.

Este es el final de una extensa misiva alegando la inocencia de Dreyfus.

“…En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho de ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.

Émile Zola.

París, 13 de enero de 1898”.

Zola estaba seducido por la idea que la razón actuaría como motor del progreso de la sociedad y que el conocimiento científico daría acceso directo al saber pleno que nos regala la naturaleza.

Por el contrario creía que las corporaciones emparentadas con el poder político obstruirían ese cambio.

Y después de mucho mas de cien años…así estamos.

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