Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

En el día de ayer el pueblo de Israel pasó por las urnas. En una elección extremadamente ajustada ambos candidatos (se estiman 13.000 votos de diferencia), el actual primer ministro Netanyahu y el ex-militar Benny Gantz se adjudicaron la victoria, están contando votos y alianzas para ver si logran armar gobierno. Hasta la medianoche argentina medios como la BBC y CNN no ofrecían tendencia y con el correr de la madrugada parece que el actual primer ministro lograría retener su posición de poder.

El líder político del Likud, Benjamin Netanyahu de 69 años, lograría la misma cantidad de bancas que su rival de la alianza centrista Azul y Blanco. Con algunos aliados de la extrema derecha, alcanzaría los 65 asientos necesarios en el Knesset (parlamento israelí) para formar gobierno. Con esto iniciaría su quinto mandato, superando a padre fundador del país David Ben-Gurion.

En un sistema parlamentario extremadamente particular, allí en Israel los gobierno siempre han sido de coalición y nunca un partido contó con las bancas necesarias para formar gobierno por sí mismo. En este vigésimo primer Knesset 11 partidos se reparten 120 bancas; los dos principales proyectan 35 asientos mientras que el resto ronda entre las 8 y las 4. Partidos de centro, de derecha, de extrema derecha y, en casos marginales, centro izquierda. La política del país tiene como eje el enfoque ante el conflicto palestino-israelí, los territorios anexados en los Altos del Golán y hay un fuerte componente étnico (hay partidos más propiamente sefardíes, es decir de los judíos provenientes de países árabes, en oposición a los askenazí, propios de Europa oriental), también es importante mencionar el voto árabe. En esta elección, políticos de esta etnia denunciaron a 1.200 integrantes del partido Likud (del primer ministro) por ir a los barrios predominantemente árabes con cámaras en el cuerpo a “controlar la institucionalidad” y ver que los votos sean válidos.

Netanyahu promete un gobierno de coalición para todos los habitantes y agradeció el voto de confianza por quinta vez, en lo que será un mandato con varios desafíos. Primero, están los cargos de corrupción. Hace algo de un año, cuando Estados Unidos decidió mover su embajada a Jerusalén, contamos los casos de corrupción que enfrentaba el primer ministro, así como las grabaciones de su hijo negociando preferencias de selección de empresas para proveer servicios al estado, le conllevaron manifestaciones en el país (algo muy poco común) demandando explicaciones. Por otro lado está el tema de seguridad: Netanyahu anunció un nuevo paquete de medidas de seguridad antes de la votación, dando a entrever que anexaría los territorios que hoy la comunidad internacional considera ilegales en el Banco Oeste. 

Otro punto de influencia en las elecciones fue el apoyo internacional. “Bibi”, como le dicen al primer ministro, buscó acercarse a los dos jugadores fuertes de la región: Estados Unidos (aliado desde siempre) y Rusia. El primero proclamó la soberanía de los Altos del Golán, territorio anexado luego de los conflictos de los Seis Días y Yom Kipur a Siria. Trump mantuvo su línea de ir en contra de la comunidad internacional en favor de su aliado en la región. Rusia por su parte, ayudó en la localización del cuerpo de un soldado israelí en Líbano, que llevaba perdido más de 37 años e involucró directamente al máximo mandatario ruso, Vladimir Putin.

Aún con la elección ganada y la posibilidad de superar a Ben-Gurion como el líder político que más tiempo estuvo a cargo del Estado de Israel, Netanyahu espera la citación del Procurador General y si hay una presentación formal de cargos, lo cual podría pegar un cimbronazo en el panorama político de la nación.

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