Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

Para muchos Huawei es la nueva gran empresa de celulares: de origen chino y con gran tecnología han logrado introducirse en el mercado de las telecomunicaciones y rivalizar con gigantes como Samsung o Apple. Para los fueguinos es un poco más importante: la marca, hoy en proceso de reorganización por la grave crisis en la industria nacional, se fabrica en la isla.

Lo que pocos saben es que Huawei se encuentra desde hace varios años en una guerra legal con Estados Unidos. El Departamento de Justicia ha tenido varias disputas legales con la firma china debido a supuestos casos de robo de tecnología. El espionaje corporativo no es nuevo: las organizaciones estudian a la competencia y aprovechan métodos en el lado gris de la justicia para acortar la brecha tecnológica que los pudiese separar. El caso con Huawei parece ser su agresividad al hacerlo. En 2017, un empleado fue acusado de robar un brazo robótico de la compañía Tappy, parte de T-Mobile, uno de los carriers más importantes de Estados Unidos. La justicia en su momento no encontró ninguna prueba que demostrase acciones maliciosas por parte de Huawei.

Ahora los americanos denuncian al gigante de los celulares por defraudación a bancos, entre ellos el HSBC, realizando transferencias que violan las restricciones internacionales de comercio con Irán. Debido a ello, la jefa de finanzas de la empresa, Meng Wanzhou, fue detenida en Canadá casi dos meses.

El problema de Estados Unidos no pasa por el robo de un brazo robótico, o hasta diría por algunas transacciones con Irán. La sospecha americana, aún sin pruebas contundentes, es que la inteligencia china utiliza los dispositivos de la marca para escuchar conversaciones. Para ello se basan en una vinculación entre Ren Zhengfei, fundador y CEO, y el Ejército Popular de Liberación, rama militar del partido comunista chino.

Otras informaciones aseguran que el gigante chino ofrece premios económicos a los empleados que obtienen información sobre la competencia; usando de base correos internos de 2013.

Del lado chino, ven el ataque como parte de una jugada política. Huawei es una de las empresas bandera en la carrera tecnológica china. Hoy es el segundo vendedor de dispositivos sólo detrás de Samsung, superando por primera vez a Apple. “Desde hace tiempo, Estados Unidos ha calumniado e intentado anular el funcionamiento de empresas chinas. Detrás de ello hay motivaciones políticas, eso está claro”. Eran declaraciones del portavoz del Ministerio de Exteriores de Beijing, Geng Shuang.

El gobierno chino no se quedó en declaraciones: como respuesta al encarcelamiento de la ejecutiva de Huawei dos ciudadanos americanos hoy están arrestados por “atentar contra la seguridad nacional”.

Si Huawei fuese encontrado culpable la empresa podría sufrir un destino similar a ZTE, donde una ley del congreso americano prohibió a la compañía de acceder a tecnología con patente nacional. Sino hubiese sido por una decisión política de Trump de levantar dicha sanción, probablemente hubiese colapsado. Algo similar pasó en octubre con Fujian Jinhua, que hace microchips. Los componentes de la empresa fueron prohibidos,bajo el justificativo de amenaza contra la seguridad nacional: al día de hoy está cerrando sus fábricas.

Mientras esta escaramuza política entre los dos gigantes pasa por tribunales, en Washington el equipo económico chino (Liu He, representante económico del presidente) negocia con los americanos. La idea es llegar a un acuerdo antes del 1º de marzo, plazo donde vence la tregua arancelaria acordada por Trump y Xi Jinping. Mientras los occidentales buscan separar ambos asuntos (Huawei y la guerra comercial) desde China buscan una resolución integral: entienden que la acusación es parte de los ataques americanos contra la industria china.

Las cartas están sobre la mesa: Huawei sabe que un tira y afloja con el gobierno norteamericano es un juego peligroso, no hay que mirar más lejos que los casos presentados anteriormente. La caída de Apple, luego de presentaciones de modelos caros y que no presentaban nada nuevo, puso al fabricante chino segundo en la carrera de telecomunicaciones, pero no lo hace infalible. Una serie de sanciones podría afectar seriamente sus exportaciones en occidente. Es probable que dentro de las negociaciones de la guerra comercial el tema sea llevado a la mesa, y podría ser un buen punto a ceder por parte de la administración Trump en una búsqueda de mejorar su situación deficitaria con China. 

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