Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

 

Cuentos de amor de locura y de muerte (por pedido expreso del autor el título de esta recopilación no lleva comas) nace en 1917 de la mano de Horacio Silvestre Quiroga Forteza, quien vino al mundo en Salto (Uruguay) un 31 de diciembre de 1878. Su padre, el vicecónsul argentino de esa localidad, murió trágicamente al dispararse su escopeta, esta fue la primera marca de muerte que selló la infancia de Quiroga.

En 1903 se unió, como fotógrafo de Leopoldo Lugones, a una expedición en Misiones financiada por el Ministerio de Educación con el propósito de investigar las ruinas de las misiones jesuíticas. Este viaje volvió a marcar su vida. Utilizó lo que le quedaba aún de su herencia paterna para comprar unos campos en Chaco, sin embargo el proyecto fracasó y se dedicó así a otro tipo de cultivo: la narración breve.

Cuando en 1904 publica “El crimen del otro” se advierten fuertes influencias de escritores como Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maussant.

Sus textos realistas y descriptivamente fantásticos son dominados por el terror y la violencia. Tal vez sus obras más conocidas sean “Cuentos de la selva” y “Cuentos de amor de locura y de muerte”. A este último lo compusieron inicialmente dieciocho cuentos, pero en ediciones posteriores se suprimieron algunos, quedando finalmente en quince. Quizás los relatos más populares sean: “La gallina degollada”, “El almohadón de plumas”, “A la deriva”, “La meningitis y su sombra” entre otras.

La narraciones que lo integran pueden catalogarse en ocho enmarcadas en un ambiente urbano y las otras siete restantes, encuadradas en la frondosa selva.

Podríamos recomendar a aquellos quienes gusten de los finales impresionantes los cuentos “El solitario” y “La gallina degollada”; fuertes, melodramáticos, con una vigorosa crudeza naturalista y con efecto horror garantizado.

“La muerte de Isolda” desarrolla una historia de amor puro con elementos fantásticos propios de Quiroga pero ligados íntimamente a Edgar Allan Poe.

Los que son capaces de saborear cuentos extraños tienen a la mano, dentro de esta recopilación “Los buques suicidantes”, donde interaccionan barcos fantasmas y acontecimientos sobrenaturales.

“Una estación de amor” es más un relato que un cuento si nos ligamos a su extensión. Se cree que es de carácter autobiográfico y habla sobre la perdida de la inocencia y la pureza.

“A la deriva” fue publicado en Caras y Caretas en 1908 y posteriormente en otra revista (Fray Mocho) en 1912. Describe sin reparos la crudeza de la lucha entre el hombre, la naturaleza y la inexorable llegada de la muerte.

“Los mensú” agrega realismo y compromiso ante la explotación de los trabajadores en los obrajes del Paraná.

Sus cuentos también llegaron al cine primero de la mano de Mario Soffici con “Prisioneros de la tierra” y posteriormente en la década de los noventa Nemesio Juárez dirigió “Historias de amor, de locura y de muerte”.

En la vida de Horacio Quiroga la tragedia y la muerte aparecen como desencadenantes de conflictos internos que lo inducen a la originalidad y la creatividad.Su obra presenta una constante precisión de estilo acompañada por el miedo y la violencia, encubriéndose en la aparente tranquilidad de la selva, su bella y enigmática naturaleza. 

Una constante en todos sus cuentos son la tragedia, la enfermedad, las obsesiones, el vicio, la locura y la debilidad del ser humano ante sus propias circustancias.

“Cuentos de amor de locura y de muerte” sin duda consagró a Horacio Quiroga como uno de los más sobresalientes cuentistas de la lengua española. Aquí se puede ver a Quiroga como hombre y como escritor describiendo la realidad que lo circunda. Pero el derrotero de desgracias que lo importunaron desde su primera infancia y continuaron hasta después de su partida con sus hijos y amigos cercanos (Leoplodo Lugones, Alfonsina Storni, Ana María Cires, su primer esposa) llegó a su final el 19 de febrero de 1937 (un día antes del primer aniversario de su fallecimiento, el 18 de febrero de 1938, se suicida su gran amigo Leopoldo Lugones). Cuentan las crónicas que habla con sus médicos del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, por la tarde sale a caminar sabiendo ya de su terrible dolencia y por la mañana lo encuentran muerto. Se había suicidado. No dejó ninguna carta y el cianuro había hecho lo suyo.

El 25 de octubre de ese mismo año lo siguió Alfonsina Storni y su primogénita Eglé.

Esta recopilación de sus relatos presentan amor, locura y muerte y cada cuento es un ejemplo de ello: “La gallina degollada” y su locura; ”El infierno artificial”, demencia y muerte; “La meningitis y su sombra”, el amor.

Sus historias son absorbentes y despiadadas, aunque también costumbristas y surrealistas. Lo normal y lo cotidiano limitan con la locura, lo común aparece como extraordinario, la vida y la muerte se alternan, la serenidad ahoga las gargantas y asfixia, la bella naturaleza emerge con rasgos temibles y desafios imposibles.

“No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas” (Horacio Quiroga).

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