Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

 

En el día lunes fue noticia una serie de maniobras que elevaron las alarmas en la zona de patrullaje del Mar meridional de China. Un destructor de bandera americana el USS Decatur estuvo a segundo de colisionar con el Lanzhou (también destructor) mientras realizaba una navegación cerca de las islas Spratly. Este archipiélago compuesto por 100 islas está bajo disputa territorial entre Brunéi (ocupa algunas islas sin reclamo formal), Taiwan, China, Vietnam, Filipinas y Malasia (estos últimos dos en disputa parcial).

Durante la navegación que la armada americana realiza regularmente en la zona el Lanzhou, por ponerlo en término simples, se cruzó en la ruta del Decatur llevando a un curso de colisión corregido cuando ambos destructores estaban a 40 metros de distancia. Desde la Casa Blanca interpretaron la maniobra como una provocación a los Estados Unidos. Los chinos, por su parte, mantuvieron la postura de reclamo ante la intervención extranjera en un territorio considerado de la República Popular. Las relaciones entre los dos gigantes ya se encontraban tensas por el conflicto comercial, sumándose ahora una clara demostración de poder por el control de un territorio en disputa desde el proceso posterior a la ocupación japonesa.

Imagen de CNN.com

La respuesta desde Washington no se hará esperar: se rumorea que Mike Pence, el vicepresidente, dará un discurso duro el día de hoy contra Beijing a modo de reforzar la idea de la libre circulación de recursos militares en un área de influencia histórica para los americanos. Recordemos que a fines del mes pasado bombarderos de la Fuerza Aérea sobrevolaron este mismo territorio. Muchos interpretan esta posición como una forma de restringir la avanzada china hacia el sur, donde ha ido instalando bases militares en pos de reforzar el reclamo de soberanía.

Cabe mencionar que esta actitud china tiene una explicación. Comparada con otra potencias la asiática no suele tener mucha injerencia en el ordenamiento interno de sus aliados estratégicos. China negocia con todos y no suele juzgar los actos de política interna de estos, siempre y cuando se respete un principio fundamental: el concepto de “Una China”. Esto hace referencia al reconocimiento de un país con varios sistemas; tomando a la isla de Taiwán como territorio insular chino. Reconocer a Taiwán como estado soberano ( hoy alrededor de 17, Paraguay entre los más notables) impide la normal relación con la República Popular China. Para la gran mayoría del mundo esto fue algo que sucedió en 1972 luego del encuentro entre Reagan y Mao, donde USA pasó a reconocer la soberanía territorial de la RPC.

Esto no quita que cada tanto, sobre todo la administración Trump, coquetee con el gobierno en Taipei y por ejemplo, le venda armas o hable de “la seguridad del Estrecho de Taiwán”. Esas mojadas de oreja en Beijing son un ataque directo a la soberanía y llevan a reforzar la posición militar en los territorios disputados. 

Desde el lado más diplomático en agendas de seguridad, en el correr de los días anteriores al “casi choque” el General Mattis (a cargo de las tropas americanas) canceló una visita para discutir una agenda común con su par chino. Esto se alinea con otros eventos como la revocación de entrada al navío USS Wasp al puerto de Hong Kong.

¿Qué puede pasar?

La mejor forma de describirlo es: se están midiendo. La administración de Trump arrancó con una relación cordial y ahora se puso en la vereda de enfrente a China. Las presiones comerciales, las demostraciones de fuerza en el Mar meridional de China y las palabras duras hacia la RPC llevan a una respuesta, usualmente en la misma medida de la provocación, del gigante asiático. China tira de la soga hasta donde sabe que puede, por eso la maniobra del Lanzhou sorprendió a más de uno. Un conflicto a gran escala o hasta una escaramuza menor es algo bastante improbable; las provocaciones seguirán en los distintos frentes hasta que otro tema pase a ser de agenda para los americanos y su concentración vire en otra dirección. Trump tiene frentes abiertos dentro de Estados Unidos y afuera por montones, con las elecciones primarias acercándose quizá baje la marcha y entre en modo juntar votos, lo que enfríe el conflicto por un tiempo.

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