Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

 

Un fenómeno que lleva años operando alrededor del mundo y es relativamente nuevo en nuestro país; para quiénes nunca lo usaron parece un deporte de riesgo, aquellos con algo de experiencia tienen opiniones divididas. ¿Es la low-cost un servicio para el usuario o para el empresario?.

En alguna charla con amigos o familia, cuando se habla de viajes, siempre sale el tema de las aerolíneas. “En X aerolínea el servicio fue malo” “se demoró el vuelo” “me perdieron la valija” al que no le pasó conoce al menos un caso. Hasta hace relativamente poco en Argentina solo operaban servicios aéreos tradicionales. Con la llegada de Flybondi, Norwegian Air o próximamente Polar Airlines parece apropiado hacer una revisión del funcionamiento y servicios que se proveen, así como comparar dos estilos de viaje distintos.

Si nos enfocamos en el tipo de rutas las low-cost suelen hacer recorridos regionales; en nuestro caso cabotaje: como el país es grande la mayoría de los vuelos son internos. En áreas de menor extensión (como podrían ser Sudeste Asiático o Europa) este tipo de aerolíneas vuelan entre países. Las tradicionales usualmente toman los recorridos largos, ya sean transcontinentales o simplemente vuelos largos. Algunas compañías son híbridos, podríamos poner el ejemplo de Iberia, que dentro de Europa y Norte de África opera en un formato de low-cost mientras que en las rutas extensas asemeja a un sistema tradicional.

¿Cuáles son las diferencias para el usuario?

La low-cost nos va a cobrar algunos servicios por fuera del pasaje: comidas y bebidas a bordo, despache de equipaje y nos va a ofrecer servicios premium como agregados. Entre estas diferenciaciones tenemos abordaje prioritario, tener más de un carry-on o equipaje de mano o el tipo de asiento (usualmente referido al espacio para estirar las piernas). Para el turista con presupuesto o el viajero frecuente, representa una buena oportunidad para ahorrar dinero en traslados cortos. Pongamos dos ejemplos donde operan low-cost hace tiempo y hay variedad en la llegada a aeropuertos.

Pensemos que estamos de vacaciones en el Sudeste y luego de recorrer la capital de Tailandia y visitar sus templos decimos irnos a Hanoi en Vietnam, para visitar el mausoleo del padre la patrio Ho-Chi-Minh.

Pasajero tradicional haciendo ruta Bangkok-Hanoi

Desde el centro de la ciudad un taxi ronda los 40 USD. Un vuelo en un aerolínea con servicio completo ronda los 150 USD (Qatar). El traslado del aeropuerto en Vietnam hacia un hotel nos va a salir más o menos lo mismo. Entre ida y venida gastamos 230 USD.

Pasajero low-cost haciendo ruta Bangkok-Hanoi

Acá ajustamos el presupuesto: desde el centro de Bangkok al aeropuerto Suvarnabhumi (el Ezeiza de Bangkok) nos podemos ir en Sky Train (un metro en altura) por algo así de 1.50 USD por persona. SI agarramos una aerolínea low-cost los precios van desde los 50 USD hasta 70 USD en Vietjet (conocida por tener un bikini show en sus vuelos). El transporte desde el aeropuerto de llegada al centro ronda los 2 USD. Gastamos algo en el rango de 55 a 75 USD. Si queremos despachar una valija en vez de llevarla arriba se nos suman 15 USD, si queremos un tentempié, un café o un agua se suman otros 5. Uno paga por los servicios que usa.

¿Es más complicado? ¿Requiere mayor antelación? Si, no obstante de ser eficiente el transporte público y las aerolíneas tener trámites ágiles moverse con un presupuesto implica mayor atención y responsabilidad. ¿El ejemplo no convence? Más de uno dirá “No hablan (o yo no hablo) bien inglès, no entiendo los carteles, mirá si me pierdo en la otra punta del mundo”. Ponemos entonces un ejemplo más cercano.

Nos trasladamos a Europa, región donde las low-cost dominan el mercado de vuelos dentro del continente. Hoy nos vamos desde Barcelona a Ámsterdam.

Pasajero tradicional

Un taxi o remis desde el centro hasta El-Prat (aeropuerto de Barcelona) nos va a salir un aproximado de 40 €. KLM (la aerolínea holandesa) es la primer opción tradicional con un cargo de 237€ por persona. Le sumamos el taxi para llegar al centro de Ámsterdam son otros 40. Nos queda un total de 320 € redondeando.

Pasajero low-cost

Al aeropuerto de Barcelona nos vamos en Metro. La tarifa diferencial (no sale lo mismo que los otros recorridos) son 4.6 € por persona. Un vuelo low-cost va a salir a partir de 65€ con Vueling. Para llegar de Schipol (uno de los aeropuertos en Ámsterdam) a la estación central de tren (de ahí podremos combinar con el mismo pasaje) 5.30€. Nos fuimos en metro, volamos en low-cost y llegamos al hotel en tren, gastamos 75 €.

¿A qué quiero llegar con esto? Simplemente ilustrar las diferencias de precios entre las aerolíneas y los traslados adicionales en lugares donde el turismo low-cost está instalado hace años. No es exclusivo del mochilero o “turismo gasolero” sino algo utilizado en general por los locales que se trasladan. Remarcamos lo obvio y ya sabemos que es más barato, ahora vayamos al tema de si el precio afecta la calidad de los servicios brindados y las normas de seguridad.

Servicio

Si visitamos un ranking de las mejores aerolíneas del mundo vamos a encontrar a las híbridas (hacen vuelos regionales a bajo costo, tradicionales de larga distancia) arrancando en el puesto 26, las van a seguir entre los 40’s y 50’s las completamente low-cost. Arriba tienen a las de lujo o de recorridos muy específicos, como podríamos mencionar Qatar, Virgin, Japan Airlines, Etihad o Qantas. Abajo las americanas (Delta, Latam, Copa) por ejemplo. Cae de maduro que la experiencia en una aerolínea de lujo es mejor que en una que no lo es, la pregunta sería si la relación costo/calidad afecta. Es cierto que hay menos empleados porque trámites como despacho y emisión de pasaje se automatizan, pero el servicio mantiene o mejora la eficiencia; es raro encontrarse con una cola larga.

Seguridad

Cuando Flybondi empezó a operar hubo una oleada de noticias criticando el estado de los aviones o cómo funcionaba el servicio (dado que tercera alguna de las actividades). Sacando a Qantas ( de Australia) que no tiene accidentes fatales o donde la aeronave quede inutilizable desde 1952, todas las aerolíneas tienen un grado de riesgo. La tercera más segura es JetBlue, que es una low-cost de bandera americana. Ryanair (irlandesa) y EasyJet (británica) figuran entre las más seguras. Sin ser experto en el tema diría que la seguridad de un vuelo depende de las condiciones climáticas de la ruta que operan y los niveles de control exigidos por la región en sí. 

Opinión personal

Después de haber volado en unas cuantas low-cost y otras tradicionales, diría que si el vuelo no tiene una extensión mayor a las cuatro horas uno no nota la diferencia. Hoy por hoy la mayoría no despacha por una cuestión de no demorarse en el aeropuerto (salvo vuelos largos) y tampoco consume tantos alimentos y bebidas en el avión. ¿Quién no se quejó de los snacks del avión en un vuelo de cabotaje en Argentina?. En el caso de las low-cost si tenés hambre o sed elegís y pagás. En muchos casos hay prejuicios con lo nuevo y se lo considera deficiente o inseguro. Demoras hay en todas las aerolíneas y en todos los países, no es algo exclusivo de Argentina. Lo cierto es que la única forma de corroborar es subirse a una low-cost y evaluar uno mismo, para el viajero con presupuesto es un alivio al bolsillo, para el que prioriza comodidad podría ser una agradable sorpresa.

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