Profesional de enseñanza primaria. Docente en contextos de encierro. Representante docente JCyD. Directora jubilada.

Era un secreto a voces entre allegados y familiares que el gran escritor del género policial por aquella época odiaba su creación más popular y famosa, el mismísimo Sherlock Holmes. Creía que era una “forma elemental de ficción” y escribir ese género policial le impedía continuar con aspiraciones literarias que él creía más elevadas. Pero la realidad es una sola y la verdad es que no prosperó por sus novelas como “El mundo perdido” (texto de ciencia ficción que relata las aventuras de una expedición a una meseta de Sud América, donde han sobrevivido animales prehistóricos) sino por el carisma y pensamiento deductivo de Holmes y su fiel ayudante Watson (médico y con aficiones literarias, se cree que de carácter autobiográfico).

Si bien comenzó sus estudios de medicina, algunos refieren que los abandonó, pero se encontraron registros de su titulación en la Universidad de Edimburgo, en 1876, simultáneamente fue atraído por las letras, pero no por el género que lo hizo famoso. Cuando se recibió como tenía muy poco trabajo, comenzó a escribir para matar el tiempo en las largas y tediosas jornadas durante las que esperaba a sus escasos pacientes.

En ese marco, en 1887 escribió “Estudio en escarlata”, donde aparecía por primera vez Sherlock Holmes, un detective de Londres de finales del siglo XIX, que se destaca por su inteligencia y hábil uso de la observación y el razonamiento deductivo para resolver casos difíciles.

En 1891 se mudó a Londres para trabajar como oftalmólogo, aunque se cuenta que en esa época nunca entró un paciente a su clínica lo que hizo que se dedicará aún con más empeño a los cuentos policiales. Así se sumergió en su labor como escritor.

Arthur Conan Doyle tuvo tanto éxito al principio de su carrera literaria que en cinco años abandonó la práctica de la medicina y se dedicó exclusivamente a escribir. Su literatura apelaba a la deducción y el gran poder de observación de su personaje estrella, Holmes. El escritor afirmó en su autobiografía que se había inspirado en uno de los profesores de la Universidad de Edimburgo para crear al detective.

Dentro de la bibliografía que tiene como protagonista a Sherlock Holmes podemos mencionar además de “Estudio en escarlata” (1887), “El signo de los cuatro” (1890), “El sabueso de los Baskerville” (1902) y “El valle del terror” (1915) y algo más de sesenta relatos de ficción y policiales, publicados en el periódico The Strand Magazine. Allí por 1891 el diario tenía un bajo costo por lo que gozaba de gran popularidad entre las clases trabajadoras de aquella época lo que hacia que los relatos de Doyle se llegarán a leer a viva voz entre los obreros de las fábricas o en las esquinas tal como había pasado con Charles Dickens. Doyle era realmente popular.

Mientras tanto Holmes como todo héroe no estaba solo, se encontraba con el fiel e incondicional apoyo de su amigo y colaborador Watson. Aquella célebre frase “Elemental, mi querido Watson” parece que no fue tan elemental ya que no aparece en ninguna de las obras de Doyle, aunque sí en libros, películas e historietas de otros autores posteriores a su época que hicieron suyo al ilustre personaje.

Dicen que la primera en convencer a Arthur de la postergación de tal crimen fue su madre, quien le pidió que continuara haciendo la entrega semanal para el diario londinense. Su hijo, por supuesto accedió a su pedido.

Otra estrategia del escritor fue pedir cifras exorbitantes por la entrega de su material a las editoriales, pero como ellas estaban dispuestas a pagar lo que fuera, finalmente las entregas continuaron haciéndose con la misma puntualidad de siempre. Era uno de los escritores mejor remunerados de la época.

Pero finalmente Doyle terminó matando al famoso detective, sin embargo, tuvo que resucitarlo debido a las incesantes protestas y cartas de los lectores al diario londinense.

Mató a Sherlock Holmes cuando se hartó de él, lo resucitó cuando se lo reclamaron y jamás consideró que este personaje fuera su mayor legado. Prefería sin duda sus novelas históricas. Parece ser que nunca la felicidad es completa, sino mas bien compleja. Era un escritor popular y adinerado, sin embargo, desde el intelecto cuestionaba su estilo. Tampoco faltaron aquellos que dudaron mas de él aún que el propio escritor, poniendo en duda la originalidad de su máxima creación, Holmes, ya que se especulaba con que Doyle había copiado a su detective de Auguste Dupin, el personaje de Edgar Allan Poe (“Los crímenes de la calle Morgue”).

A pesar de todo y muy a pesar del propio Dr. Arthur Conan Doyle, el detective sigue hablando (original o no) a través del tiempo, más allá de su muerte y de su regreso forzado: “Mi nombre es Sherlock Holmes y mi negocio es saber lo que otras personas no saben”. Un negocio que sin duda le redituó con creces al escritor y médico británico.

1 COMENTARIO

  1. El leer enseña entretiene y hace más llevadera las horas en q tienes una guardia una enfermedad q te tiene postrado y aconsejaría a en las cárceles se les pusiera como oblgatoria una case de lectura de cosas necesarias para el bien vivir

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