Licenciado en Estudios Orientales. Posgrado en Negocios y Comercio de Asia Pacífico e India. Política Internacional; extremismo religioso.

La noticia de las manifestaciones en Túnez, en contra de los aumentos de precios, el desempleo y las medidas económicas propuestas por el gobierno, dejaron un saldo de casi 800 detenidos y decenas de heridos. La abrumadora deuda externa del país, las presiones de las organizaciones de crédito mundiales explican la crisis actual pero no muestran la imagen completa.

7 años pasaron de la Revolución de los Jazmines en Túnez, detonante de las manifestaciones en países a lo largo de África del Norte y Medio Oriente. Esta oleada de protestas por libertades individuales y una mejor calidad de vida tuvo como origen el caso de Mohamed Bouazizi: un joven universitario que al ver su puesto de frutas confiscado por la policía, tomó la decisión de quemarse a lo bonzo [Nota: el primer caso de este tipo de auto-inmolación deviene de Vietnam en 1963, donde un monje realizó la práctica para protestar en contra de la Segunda Guerra Indochina]. Mohamed fue un símbolo para los jóvenes árabes, concatenando revueltas en 20 países, la caída de los gobiernos de Túnez, Egipto, Libia y Yemen y una serie integral de reformas en otra docena de países. Su acto fue la gota que rebalsó el vaso y llevó al pueblo a la calle; pero el trasfondo de la Primavera Árabe abarca décadas de estancamiento económico, nulo desarrollo en los países afectados y una serie de gobiernos autocráticos casi monárquicos: Qaddafi en Libia gobernó durante 42 años, Mubarak en Egipto por 30 años, Ben Ali en Túnez por 22 y Saleh en Yemen (primero el Norte luego de la reunificación todo el territorio) por 34 años. Los hombres fuertes de Medio Oriente supieron hacer equilibrio entre las grandes potencias durante la Guerra Fría, adaptarse y utilizar la Guerra contra el Terror a su favor a inicios de este siglo; teniendo suficiente cintura política para ser necesarios en Occidente, donde durante décadas se ignoraron la falta de libertades personales y las violaciones de derechos humanos en estos países.

A modo de explicación general, no obstante cada país transitó su proceso con diferentes matices, diremos que las manifestaciones fueron en su gran mayoría laicas y de espíritu democrático, lideradas por los adultos jóvenes de cada país: quienes al estar más abiertos a la globalización y conceptos plenamente eurocéntricos como democracia, libertad e igualdad, buscaban un cambio radical en el funcionamiento del Estado. Debemos entender que todos los países involucrados son relativamente nuevos y contaban con formas de organización diametralmente opuestas al Estado Moderno. Por ejemplo Libia pasó de colonia italiana a reino en 1951, en 1969 Qaddafi unificó las tribus que habitaban el territorio y formó una particular república socialista, donde elementos tribales se yuxtaponen a una centralización estatal. Algo similar diríamos de Egipto, que tuvo una transición en la misma línea: primero colonia británica, luego monarquía títere con Faruk I hasta 1952, donde Gamal Abdel Nasser toma el control del territorio y se proclama presidente. Entendiendo que gran parte de los conceptos que en 2011 se reclamaron eran foráneos a los pueblos, se entiende mejor la influencia de las redes sociales; no sólo como elemento de organización sino como ventana al mundo: ver qué hay afuera y mostrar lo que pasa en casa.

Desarrollados de forma sucinta los elementos que generaron este proceso revolucionario, pasaremos a hacer un recorrido sobre los cambios que dejó en cada país.

Libia

Sacando el conflicto sirio, quizá la más violenta de todas las protestas; no sólo por el uso del ejército para dispersar manifestantes, sino por la participación de actores externos al conflicto. A través de la ONU, con un intenso lobby francés e inglés más el apoyo de USA, se inició un proceso de pacificación que dió como consecuencia la caída del régimen de Qaddafi, cabe mencionar que tanto China como Rusia se abstuvieron de votar en el Consejo de Seguridad de la ONU; pero se pronunciaron en contra de la medida. Sin un líder claro y un territorio arrasado por la guerra civil, Libia se convirtió en un caldo de cultivo para la proliferación de organizaciones de terror y el crimen organizado. La caída del régimen permitió también romper esa muralla invisible que controlaba la inmigración africana en Europa. En la actualidad podemos decir que el territorio no tiene un gobierno firme con soberanía total: contamos con un Estado libio nominal apoyado por Naciones Unidas, uno rebelde de las viejas fuerzas armadas del país, milicias Tuareg, muhayidines y parte del Estado Islámico.

Egipto y Túnez

Con procesos similares, donde las manifestaciones masivas llevaron a la caída de ambos gobiernos, es interesante el rol que cumplen las Fuerzas Armadas. Aunque suene extraño para nosotros, allí los militares funcionan como custodios de la democracia. Si vamos a imágenes de ambos países en sus plazas principales durante el conflicto veremos tanques a los costados, pero no hay intervención coercitiva. En ambos casos su función era evitar una represión policial (fuerzas leales a los gobiernos) y en particular en el Egipcio proteger el patrimonio cultural del Museo del Cairo. Una vez expuesto que los gobiernos no tenían capacidad de continuar, las fuerzas armadas hicieron la transición hacia las elecciones.

En Egipto, de donde es originario, el movimiento de los Hermanos Musulmanes logró triunfar en las elecciones [Nota:  es una organización islamista, considerada terrorista por Rusia y Egipto. Como dato de color  Sayyid Qutb, uno de sus miembros en el intento de golpe de Estado a Nasser; influenció fuertemente a Osama Bin Laden, exponente máximo de la organización terrorista Al Qeada].

Mohamed Morsi gobernó durante 2012 y parte de 2013, cuando otro golpe de Estado militar surgió ante el descontento popular. Hoy preso con condena a 20 años y la disolución de su partido, se considera a este gobierno como uno de los peores en la historia de Egipto, plagado de corrupción e inoperancia. Lo sucedió Al-Sisi, militar a cargo del golpe en 2013 y presidente constitucional desde 2014.

En el caso tunecino con la caída de Ben Alí se inició un proceso de apertura política y la redacción de una nueva constitución en 2014 y el inicio de un gobierno de unidad (una alianza que abarca desde islamistas moderados hasta sectores de izquierda) en 2016 con Yusef Chahed a la cabeza.

En ambos países el proceso democrático para haberse encausado, no obstante persisten las problemáticas económicas.

¿Pasó algo?

Algunos países involucrados en el proceso de la primavera árabe como Omán, Arabia Saudita, Kuwait y Bahrein vieron cambios mínimos o cambios nulos. En el caso del primero diremos que el Sultán al Said aumentó el sueldo mínimo en un 17%. En Arabia Saudita las protestas fueron controladas en menos de una hora por la dinastía Saúd [Nota: actualmente Arabia Saudita se encuentra en un proceso de modificación de sus leyes en búsqueda de una mayor libertad para sus ciudadanos, especialmente las mujeres; así como en una reestructuración de su matriz productiva con el proyecto NEOM]. En el caso de Kuwait la casa real Al Sabah no tomó medidas. Bahrein por su parte donó a todas las familias mil dinares (alrededor de 2600 USD) y liberó presos políticos.

Ahora bien: ¿Por qué estos tres países no vieron cambios? Petróleo, lisa y llanamente petróleo. 101 mil millones de dólares de Arabia Saudita [Nota: primer exportador del crudo a nivel mundial, duplicando al segundo Rusia], 33.7 mil millones de dólares de Kuwait [Nota: la Primer Guerra del Golfo fue para expulsar a Irak de dicho territorio y varios autores hablan de importantes lazos económicos entre la administración Bush y el país de Medio Oriente], Omán se suma con 12.1 mil millones [82% de la exportación de crudo va hacia China] y cierra la lista Bahrein 2.2 mil millones de dólares, que no parece tanto pero sumando a ser la base de reposte de la Quinta Flota de los Estados Unidos de América, la cual cubre el Este de África y el Golfo Pérsico, gana importancia. Cabe mencionar que sólo estamos mencionando valores de crudo, sin contar el petróleo refinado (entre los cuatro países sumaría algo de 34 mil millones de dólares, más de la mitad de las exportaciones argentinas totales). Un desbalance en cualquiera de estos estados podría afectar de forma directa a sus socios comerciales y de forma indirecta alterar la demanda de crudo y por ende su precio.

Luego de analizados los procesos de una variedad de países de la región podemos decir que la posición económica y estratégica, con respecto a sus aliados, de cada territorio definió si los gobiernos permanecían o no. Los más vulnerables como Egipto, Libia y Túnez vieron cambios en sus regímenes, mientras que los más ricos contaron con apoyo indirecto de la comunidad internacional y la posibilidad de utilizar dinero para calmar las aguas. En los que hubo cambio, después de casi 7 años, no se ve una clara mejoría: siguen en un proceso similar al de hace 20 años, con inestabilidad económica y las mismas demandas sociales. Habrá que ver que le depara el futuro a Medio Oriente, si el cambio termina siendo bueno o el remedio es peor que la enfermedad.

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